Micro-infidelidades, ¿no nos estaremos pasando?

Esto de los prefijos de unidades de medición resulta curioso. Tomemos, por ejemplo, “micro”. En su utilización original y específica de la ciencia designa lo que es un millón de veces más pequeño que la unidad. Así, un microsegundo es el tiempo correspondiente a una millonésima parte de un segundo (que debe ser, más o menos, lo que tardan en pitarte cuando se pone el semáforo en verde y no arrancas). O un micrómetro se correspondería a la millonésima parte de un metro o una milésima parte de un milímetro (el diámetro de un cabello es de aproximadamente 50 micrómetros o micrones). Vamos, que “micro” que proviene del griego, significa algo extraordinariamente pequeño.

Pero, más allá de lo que le señalábamos como propio en su ámbito de aplicación (la ciencia y la tecnología), en el lenguaje común alude a lo que es pequeño con relación a la unidad y lo opuesto a lo que es grande con relación a ella (a lo “macro”). Es por eso que hablamos de “microscopio” (lo que permite ver lo pequeño) o de “microelectrónica” (la electrónica que emplea componentes de muy poco tamaño). Pero de un tiempo a esta parte se nos ha ocurrido (es que somos originalísimos inventando cosas) un nuevo uso al prefijo, el de “micro-infidelidades”. Vamos, no es que se nos haya ocurrido a todos, sino, al parecer, a una psicóloga australiana que debe andar con la mosca detrás de la oreja.

Pero, ¿cómo se puede medir la infidelidad?

Así, “micro-infidelidad” sería aquello que no alcanza la categoría de infidelidad (como decíamos, algo así como un millón de veces menos que infidelidad), pero ya la contiene en su definición (ya es, de alguna manera, una infidelidad aunque “muy chiquitita” o el preámbulo para una de mucha mayor envergadura). Lo que todos, sin excepción alguna, hacemos aproximadamente un “macro-montón” de veces al día sin por ello ser ni unos canallas ni unos cretinos, sólo seres humanos abiertos al mundo.

Girl asking for explanation of her cheater boyfriend

Con lo que las primeras preguntas interesantes que surgen podrían ser: ¿cómo diantres se puede medir eso de la infidelidad? o ¿cuál es su unidad desde la que podemos hablar de micro o macro? ¿Establecemos como dicha unidad el hecho de que tu pareja se pueda acostar una noche de farra con otra u otro? Y si es así, entonces ¿la micro-infidelidad sería que mire a otra persona por la calle y la macro-infidelidad, que tengan un hijo en común y una hipoteca para un apartamento en Torrevieja? ¿Valdría esa escala métrica (recuérdese que el valor de las escalas métricas es que sean universales) tanto en Japón como en Papúa Nueva Guinea o en Móstoles? Y, ¿seguiría siendo universal, tanto si sois una pareja de comunión diaria o una liberal? Todas esas preguntas se podrían resumir en una, ¿para qué carajos queremos inventar esa nueva categorización dentro del espectro de las infidelidades? o ¿para qué puñetas nos sirve hablar de micro-infidelidades?

Establecer una nueva categorización de “infidelidades” permite hacer de nosotros los eternos sospechosos, los permanentes culpables

Y ahí no se me ocurre más respuesta que la siguiente: para seguir haciendo de nosotros, con más ahínco si cabe, los eternos sospechosos, los permanentes culpables, los irredentos pecadores. Porque a puritanismo del duro apesta el tema y a la consiguiente perpetua e incansable vigilancia de uno mismo y del otro que conllevan todos los puritanismos. Y es que lo de las “micro-infidelidades” deja en bragas aquello de pecar de pensamiento, palabra, obra u omisión que, ya de por sí, venía a significar que, antes de tomarte el café con leche o de echar los primeros dientes, ya eras un pecador al que había que vigilar, controlar y someter muy de cerca, no fuera a ser que lo prístino y lo puro se mancillaran en ti porque se te ocurra ni siquiera pensar en lo hermoso que tiene los senos o el culete la amiga de la legítima o el amigo de mi novio. En definitiva porque se te ocurra ser, pensar y actuar como un  humano.

Que no se inquieten las hordas puritanas; quedan todavía muchos prefijos de medición…

En cualquier caso, y por si a las hordas puritanas les pareciera que lo de “micro-infidelidad” ya no castiga lo suficiente, que no se inquieten, quedan todavía muchos prefijos de medición que designan menores tamaños que el micrón. Por ejemplo, el “nano” o el “pico”… el cambiarse de bragas al vestirse por la mañana ya podría encajar en una “nano-infidelidad”. Y es que, ¿para qué te vas a cambiar de bragas si no está ya en ti la irreductible tentación de la infidelidad?

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