¿Mejora el sexo con la cocaína?

Cuando pensamos en un encuentro sexual loco y pasional, nos imaginamos como deben ser las noches de un rockero de moda o de un grupo de amigos que se ha ido de despedida de soltero a Las Vegas. En ambas hay un factor que coincide, pensamos que las drogas conseguirán mejorar la experiencia sexual.
Lo cierto es que hay muchos mitos en torno a las drogas y el sexo. Según la sexóloga Ana Sierra, “Las personas, bajo los efectos de las drogas, sienten que fluyen, dejan de pensar en las preocupaciones, y por ello tienen la ilusión de que todo es más intenso, que son más potentes, pero realmente no se plantean a costa de qué”.

Una de las drogas que más se vincula al sexo es la cocaína, sin embargo, según el libro El ABC del sexólogo, de Concha Madueño, “La cocaína es la droga que más suele usarse para relacionarse sexualmente, ya que como estimulante del sistema nervioso, al principio puede provocar un aumento del apetito sexual”. Sin embargo la realidad es que más tarde se produce un desinterés por el sexo y aparecen dificultades eróticas como ausencia de erección o erecciones dolorosas, además de problemas en la eyaculación. No solo en el hombre, en la mujer también aparecen dificultades como “la falta de concentración para poder excitarse y conseguir alcanzar el orgasmo”, ya que, de hecho, a largo plazo, el consumo de cocaína puede producir un deterioro general del sistema nervioso central, que basta para disminuir el funcionamiento sexual.

Cocaine drug powder on black background

Además, la idea del “subidón” sexual también es bastante relativa, ya que cuando se aplica directamente sobre los genitales a modo de estimulante, el efecto real es que actúa como anestésico, por lo que disminuye, o incluso desaparece, la sensibilidad sobre esa zona.

Pese a ello cada vez hay más prácticas que relacionan sexo y drogas. Según Sierra, “Gracias al chemsex -prácticas sexuales que se potencian con el consumo de drogas –  se ha popularizado este tipo de consumo, que mezcla diferentes drogas para tomarlas no solo vía oral o nasal, sino también dérmica, anal o vaginal”. La experta añade que es una práctica más común en “hombres de 20 a 45 años” y que “las 3 drogas más usadas en este tipo de encuentros son  la mefedrona, la metanfetamina de cristal y el GHB (hidroxibutirato)/GBL (butirolactona), conocidas como tina y G”.
Para la experta lo preocupante es que “Los efectos de las drogas ya son dramáticos sin realizar actividades concretas, si se une a una actividad que acelera tu ritmo cardíaco y respiración, se incrementa el riesgo”. Así, cita que este tipo de consumos puede conllevar “ictus, embolias, o paradas cardíacas, según la droga. Por supuesto, también casos de depresión, trastornos de ansiedad y emocionales, pudiendo desencadenar trastornos psiquiátricos y adicción”, además de un riesgo de muerte.

A un nivel sexológico, la experta insiste en el que el uso de drogas “Habitúa a sensaciones no realistas, que puede que sean más intensas, porque suponen un mayor aguante,  sin miedos ni bloqueos, pero todo es una sensación ficticia, irreal”.

De la misma forma recuerda que “Todo esto se puede conseguir sin drogas, aunque no se llega tan rápido al resultado como consumiendo estas. Somos vagos y no confiamos en nuestras capacidades. Estamos en la era de la ‘pastilla’ y de la exigencia”, insistiendo en que no hay un camino fácil, y que estos generalmente tienen consecuencias que hay que pararse a analizar.

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