Medical fetish: otra forma de jugar a los médicos

Todos hemos escuchado alguna vez la expresión “jugar a los médicos” para referirnos al juego sexual. La idea viene de cuándo éramos niños y entendíamos por “jugar a los médicos” el explorar los genitales del otro, en ese momento de descubrimiento del cuerpo propio y del otro, desde un punto de vista totalmente inocente.

Sin embargo, de mayores, hay quien aplica esta idea a su sexualidad, desde un punto de vista mucho más literal. Se trata del “medical fetish”. Tal y como explica la psicóloga Arola Poch  , experta en fetiches, el medical fetish se define como “los juegos sexuales relacionados con prácticas, objetos, estética o situaciones  médicas”.

En los mismos, lo habitual es, para empezar, adoptar los roles de médico/a, enfermero/a o similar y paciente,  del mismo modo que en BDSM se adoptan los roles de dominante y sumiso. Así, se pasa a desarrollar diferentes prácticas, entre las que Poch aporta algunas como “juegos de cuidado al paciente o exámenes físicos” hasta  incluso prácticas más extremas “como clavar agujas, colocar una sonda por vagina, ano o uretra, además de optar por el uso del bisturí”.

Lo primero que cabe matizar sobre esta idea, es que hay diferentes niveles. Es decir, que no es lo mismo simplemente hacer un juego de roles con una “exploración” física simulada, que pretenda tener tintes eróticos, a optar por utilizar instrumental médico de verdad. “Obviamente, estos juegos más extremos tienen que hacerse con sobrados conocimientos de lo que se hace y en condiciones higiénicas correctas”, insiste la experta.

Mascarillas, guantes de látex o instrumentos forman parte del juego

Precisamente en cuanto a los instrumentos, por una parte estarían aquellos más estéticos, como es toda la indumentaria o por ejemplo el uso de batas, mascarillas o guantes de látex, que consiguen que ambos miembros de la pareja se metan más en su papel, y después estarían otro tipo de herramientas, para fetichistas más avanzados o personal quizás más cualificado.

Overhead shot of medical equipment on dark stone background

Poch nombra algunas ideas como “sillas de exploración genital, agujas, bisturí, enemas, espéculos, rueda de Watenberg, etc.”, aunque lo fundamental es que sea lo que sea “se sepa usar, se esterilicen bien todos los instrumentos y que no se reutilicen en los casos en que se entra en contacto con la sangre”.
En cuanto a por qué surge esta atracción por los juegos sexuales relacionados con el mundo de la medicina, la psicóloga argumenta diferentes motivos. Por una parte, alude a la necesidad de “cuidar o ser cuidado por otra persona”, ya que ese juego también supone un alto grado de intimidad con la pareja con la que se realiza.  Otra idea es que pueda estar más relacionada con el mundo del fetichismo, en esta ocasión, en vez de aplicado a unos tacones o a ropa interior , a la estética médica, “por ejemplo, los materiales que se usan, como el látex, despierta el deseo de muchos fetichistas”. Por último, habría que tener en cuenta el componente relacionado con el placer que se encuentra en el dolor, al utilizar cierto tipo de instrumental, que relacionaría esta práctica más con el mundo del BDSM .

Más allá de los motivos de cada uno a la hora de decidirse o no a probar ciertas prácticas sexuales, cabe reflexionar sobre si todas son igual de seguras. Por ello, siempre hay que tener en cuenta que aunque puede ser un juego como cualquier otro, si se van a usar determinados materiales, hay que tener en cuenta los riesgos que estos pueden entrañar.

Incluso, aunque se haya llevado a cabo con total seguridad, también es necesario tener en cuenta una parte posterior de cuidados. Así, “siempre después de una sesión de medical fetish, ya sea un juego físico o psicológico, tiene que haber un postjuego de cuidados”, que dentro del entorno BDSM se denomina como “aftercare”. En el mismo, Poch concluye que “la persona con el rol dominante atiende, da cariño y aplica los cuidados físicos necesarios según la sesión a la persona con el rol sumiso”.

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