Masturbación femenina: el dedo, ¿arma de destrucción masiva?

De noche, sola,
desposo la cama.
Dedo a dedo,
ahora es mía.
Anne Sexton

Las mujeres no nos masturbamos. Esperamos a entregar nuestra flor al príncipe azul que viene de camino con su caballo y espada, melena al viento y armadura forjada. Las mujeres no nos masturbamos. Por eso, Mark Zuckerberg -que todo lo sabe- decidió censurar la publicación de Luna Miguel en su red social. No ha sido la primera vez que las mujeres, nuestros pezones o sexualidad somos eliminadas de su Gran Hermano social. En este caso se trataba de una publicación de la periodista y poeta Luna Miguel sobre su libro de masturbación femenina. La red de Zuckerberg lo hizo por nuestro propio bien. Porque Luna, terrorista de la masturbación, hablaba de blasfemias propias de asaltacapillas. Facebook vetó un contenido  para evitar que alguien se confundiera y pensara que las mujeres realmente nos provocamos placer a nosotras mismas. ¡Pero si eso sólo lo hacen los hombres!

Parece ser que Luna Miguel infringió la política de la desnudez que tienen ésta y otras redes sociales como Instagram. Amarna Miller, actriz porno,  cuenta que la censura de Luna “no hace sino recordarnos que el cuerpo femenino sigue siendo objeto de censura. En nuestra sociedad falocentrista nos sobran las referencias a la masturbación masculina y el onanismo desenfrenado es un símbolo inequívoco de la valía del macho alfa”. Miller y servidora compartimos de adolescentes nuestro pecado con amigas. Curiosamente ninguna o casi ninguna de nuestras amigas parecía tocarse y disfrutar de sí mismas. Qué afortunadas nosotras, que decidimos experimentar el sexo sin pedir permiso, sin saber muy bien tampoco lo que estábamos haciendo. Porque ¿quién podía asegurar que no éramos unas brujas que arderíamos en la hoguera? Tres padre nuestros y puedes seguir masturbándote, hija.

Miller duda que todas aquellas adolescentes no hubieran probado las mieles del autoplacer pero la presión del grupo les impidió confesarlo cuando en el juego “yo nunca” ella fue la única que bebió y confesó el delito. Y es que según ella, “la mujer que se declara liberada sexualmente de forma pública sigue siendo objeto de escarnio. El hombre sexual es un semental, pero la mujer pierde su valía como virgen casadera”. Y Facebook nos lo ha recordado, de nuevo.

Alba Muñoz, periodista y escritora, cuenta que “sabía que ciertos tocamientos o posturas me daban placer, pero me parecía algo anómalo y vergonzoso. Seguro que nadie hacía algo similar, ¡tan raro!, así que callaba (“¿para qué contarlo, con qué objetivo?”). Más tarde te das cuenta de que “eso” que haces es masturbarte”.

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Ya nos censuraron los pezones y ahora le toca a la masturbación. El movimiento en redes #Freethenipple denunció la censura ocurrida en varias ocasiones cuando se mostraban pezones de mujeres. Como cuenta la periodista Marta Villalba, celebrities como Cara Delevigne, Rihanna, Scout Willis y Miley Cirus, lograron que Facebook permitiera subir fotos de mujeres amamantando a sus bebés.

Sin embargo, es probable que la censura parta también de nosotras mismas. Alba Muñoz explica que para ella “la  peor prueba del tabú es el silencio interior y entre nosotras mismas. Durante mi infancia y adolescencia en el instituto, descubrí que mis amigas (no todas, al parecer) también se masturbaban, y que cada una tenía una forma propia y especial”. Existe una vergüenza y autocensura asociada a la sexualidad y el cuerpo femenino, y es el momento del empoderamiento de las mujeres contra los pensamientos del medievo machirulesco y retrógrado.

Yo me pregunto: ¿Qué hay de malo en el autoplacer?, ¿qué hay de malo en nuestros pezones cuando queremos mostrarlos libremente?, ¿existe algo más bello que nuestros cuerpos y su disfrute?, ¿por qué a Mark “no le gusta” esto?, ¿por qué nos ha eliminado como amigas? Quizá piense que nuestras flores son armas de destrucción masiva, pero lo cierto es que tan sólo las usamos para dar y darnos placer.

Como dice Luna Miguel, que ya ha recuperado su perfil de Facebook, “Las reglas son las reglas, me dicen… Y mi pequeño e inocente dedo las ha roto”.

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