Marinating, la nueva tendencia sexual para vagos

Siempre que aparece una nueva moda sexual en el horizonte, nos da por pensar en filias loquísimas o en posturas solo aptas para atletas. Pues bien, no siempre es así. Sin ir más lejos, aquí va la que nos hemos encontrado últimamente: el ‘marinating’. Consiste básicamente en una versión del coito de toda la vida pero bajada de revoluciones. Es más, a cero revoluciones. Es decir, él pone su cosita en la cosita de ella y ahí se queda, sin moverse ni siquiera un poquito. Es decir, ‘marinando’. De ahí el nombre. Vaya juerga, ¿eh?

Igual os ha sorprendido que una moda tan sosa haya prendido como última tendencia. Bueno, pensad que estamos hablando de que la generación que folla ahora es la que también se queda practicando ‘nesting’, la que teje croché en sus ratos libres o la que apuesta por el rollo hygge de quedarse en casa metido en el el sofá tan a gustico. Queda lejos de aquella que apostaba por el sexo, drogas y rock and roll. El lema de esta sería sexo (bueno, ‘marinating’), bizcocho de jengibre y baladitas acústicas. Para escuchar mientras uno se mesa la barba.

Young beautiful couple sleeping

Pero volvamos al ‘marinating’. Sus defensores proclaman a los cuatro vientos que así se consigue fomentar la intimidad en la pareja y que mientras el pene reposa en la vagina pueden hablar de créditos de Cofidis, de la imitación de Falete de Sinead O’ Connor, del último Tu cara me suena o de la situación política en Chiquitistán. Los detractores dicen que, claro, que así como va a llegar un ser humano al orgasmo y que esto tiene menos gracia que una gala de los Goya. Y que encima no pierdes calorías. ¡Que se supone que el sexo adelgaza, por Dios!

¿De dónde sale esta historia? Pues se supone que es una práctica que proviene de las parejas con un fuerte sentimiento religioso y que no están autorizadas a practicar sexo antes del matrimonio. Se supone que si no hay movimiento no hay sexo y que, desde ese punto de partida, se ha ido extendiendo por los lechos más vagos del mundo. Además, es evidente que si no hay fricción y movimiento el riesgo de que haya eyaculación y, por tanto, embarazo, es prácticamente nulo, así que para evitar marrones prematrimoniales también parece un buen método. Parece.

Para el resto de los mortales queda claro que lo del ‘marinating’ se parece más a un polvo cuando los dos están medio pedo después de una noche de juerga y una de las dos partes se duerme. Por lo demás, no suena ni excitante ni divertido. A no ser que tu hobby sea acariciar gatos sentado en una butaca al lado de la chimenea, claro.

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