Los trucos infalibles para disfrutar de una sesión de sexo casero increíble

Cambiando un poco las cosas podemos añadir emoción y espontaneidad a nuestros encuentros sexuales, y no es necesario que nos volvamos locos con radicalidades. Los expertos coinciden en que no es necesario gastarnos un pastizal en juguetes y accesorios extremos para dar ese placentero punto novedoso que nos hará pasarlo en grande y estremecernos de placer. Con poner en practica alguno de estos consejos (que, ojo, no cuestan ni un duro) será más que suficiente para renovar el repertorio sexual. Aprovecha y no los pruebes todos el mismo día. Mejor guárdate un par de ases en la manga para que cada nueva experiencia sea diferente a la anterior.

Meteros mano. Caricias y agarrones en el coche, un poco de flirteo y roce de glúteos y muslos en el bar y unos besos apasionados a oscuras mientras subís la escalera de casa, producen una descarga de adrenalina que añade emoción y cierta urgencia por quitaros la ropa cuanto antes que dará un expectante aire nuevo a tus encuentro.

Evita los lugares comunes. Tenemos demasiadas cosas en la cabeza. Las tareas pendientes y las obligaciones del día a día están desplazando nuestra vida sexual hasta casi aniquilar su existencia. Pero podemos luchar contra ello si nos centramos en lo que estamos haciendo: practicar sexo. Provocar que nuestros encuentros tengan lugar fuera de las áreas normalmente destinadas a mantener relaciones como la cama y la habitación y optar por el sofá, la ducha o la mesa de la cocina como zona de juegos nos dejará tan desconcertados y ardientemente desubicados que será mucho más sencillo evitar las distracciones típicas que terminan por descentrarnos y nos desvían del camino hacia el orgasmo.

Masaje craneal. El cuero cabelludo está repleto de toneladas de terminaciones nerviosas. Acariciarlo y estimularlo provoca un flujo de hormonas como la oxitocina (¡déjate ayudar por la hormona de la felicidad!) que mejora la conexión entre la pareja y aporta una buena dosis de relajación y estimulación.

Legs in bed

Juegos interruptus. Que no coitos, oigan. Si el objetivo es disfrutar de una buena e intensa sesión de sexo, es recomendable tomarnos pequeños tiempos muertos para ralentizar la llegada de la explosión de placer. Un cambio de ubicación, parar la excitación de una zona erógena para ponernos con otra, compaginar momentos de caricias y masajes con sexo oral… ¡Variantes hay tantas como se os ocurran!

Abre las ventanas. La sensación de la brisa sobre la piel desnuda y el factor estimulante extra de que los vecinos puedan escuchar nuestros gemidos e incluso vernos, puede ser increíblemente excitante…

Estimulación bajo cero. Paradójicamente, acariciar la piel con cubitos de hielo puede hacer que cualquier encuentro se vuelva extremadamente caliente. Un poco de frío por las caderas, la espalda, los pechos o el área circundante a la entrepierna no sólo estimula parte del sistema nervioso responsable de la excitación, además da al cerebro unas cuantas sacudidas intensas que os pondrán completamente a tono. A partir de ahora, cuando hablemos de ‘encuentros fríos’ que sea porque nos remitamos a este truco, por favor.

Lubricante siempre a mano. Antes de someternos a la duda de si los preliminares habrán sido o no suficientes y encontrarnos con una dolorosa y molesta penetración, es conveniente tener siempre un lubricante en la mesilla de noche o en el bolso para conseguir el punto de placer y satisfacción óptimo. A ver, no lo untéis como mantequilla sobre la vagina justo antes de entrar en faena. Es mejor aplicarlo durante los juegos previos y dejar que su propio lubricante natural se vaya uniendo a escena poco a poco.

Revive tus mejores momentos. Rememorar nuestras experiencias estrella, aquellos encuentros excepcionalmente calientes que vivimos en la cama, pueden darnos nuevas ideas para salirnos de la rutina y poner en marcha nuestra capacidad de improvisación en base a lo que en su momento nos resultó brutal. Y, cómo no, siempre está la opción de probarlos de nuevo.

“¿Probamos?” Procurando no dislocarnos vivos ni acabar contracturados por completo, probar movimientos y posturas nuevos siempre es un reto interesante. En ocasiones, de la dificultad podemos sacar inesperadas sensaciones que, por qué no, querremos repetir de ahora en adelante. Y si no se os da nada bien, al menos os echaréis un buen rato de risas (la mejor herramienta para pasarlo en grande en la cama).

Afterplay. Aunque generalmente pongamos toda nuestra atención en el coito o en los preliminares (amigos, queda terminantemente prohibido pasárnoslos por alto más), los juegos y caricias postcoitales pueden resultar todavía más estimulantes. Un momento en el que, ya completamente desinhibidos, podemos dar un aporte extra de intensidad a nuestras relaciones. Alarga un poco más la diversión y sorprenderás a tu acompañante de alcoba.

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