Los hombres que entienden de moda dan mucha pereza

Yo quiero un hombre que no distinga el turquesa del esmeralda, ni el fucsia del rosa chicle. De los que se te quedan mirando hipnotizados mientras te pones el rímel, como si estuvieran contemplando el ritual de una diosa de la feminidad. Un hombre que nunca note que vas maquillada a no ser que te pintes los ojos como Amy Winehouse. De los que jamás aciertan qué te has hecho cuando sales de la peluquería. A mí la inocencia de esos hombres me conmueve. Tanto como me irritan los hombres resabiados que opinan sobre manicuras francesas y ojos ahumados. Esos que cuando van a besarte, se detienen para señalarte que te has dejado “un pelito de las cejas sin depilar”. Los implacables observadores que advierten que llevas el cuello de la camisa rozado de maquillaje. Los que, después de una semana sin verte, lo primero que hacen es comentarte lo cuestionable que les parece la mezcla de pantalones oficineros y jersey de sport que llevas.

Por el amor de Dios, yo solo quiero un hombre de esos para los que los piratas son señores con parche y los pitillos se fuman. Esos que miran tu rizador de pestañas como si fuera un instrumento infernal y no distinguen un tanga de una braga brasileña ni mirando los apuntes.  Aunque ahora mismo no tengan mucha demanda.

Skin care. Handsome young shirtless man applying cream at his face and looking at himself with smile while standing in front of the mirror

Sé que hay mujeres que rechazan a este tipo de hombres, que prefieren novios sofisticados que las acompañen cuando van de shopping, novios que adviertan el más leve cambio en su color de pelo, novios que sepan apreciar el pastón que se han gastado en un conjunto de La Perla. Pues yo no, yo quiero uno de esos hombres primitivos que te desnudan como un niño abriendo un regalo de cumpleaños aunque lleves la ropa interior del mercadillo.

Los hombres que entienden de moda dan mucha pereza. Los que opinan sobre la inconveniencia de las rayas horizontales o te explican que el negro estiliza. Los hombres que se fijan en si te ha salido una espinilla o en si tienes las puntas abiertas. Y también los que te miran los zapatos. Ojalá un infierno atroz esperando a todos los hombres que cuando tienen a una mujer delante en lo primero que se fijan es en sus zapatos. Sin duda pertenecen a una rama fallida de la evolución.

Yo quiero un hombre de los que se dejan deslumbrar por una sonrisa con un poco de gloss, no uno que esté barruntando si el bolso me pega con el abrigo. No uno de esos que en cada cita se comporta como el incrédulo que acude a un espectáculo de magia esperando descubrir los trucos del mago. Por amor de Dios, deberían existir órdenes de alejamiento para esos hombres insufribles que en la primera cita te hacen un escáner comparable al que te haría tu cuñada. Sí, que Dior nos guarde de los hombres que entienden de moda, son un incordio mayor que unos stilettos de los chinos. Y yo, para curarme en salud, a los que saben quién es Olivia Palermo los descarto de oficio.

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