Llega el festival del pene de Japón

Ya sabes, o porque has estado o porque has oído hablar de ello, que en Japón visten máscaras para no contagiar a los otros de sus virus; que está mal visto sonarse los mocos en público y que sus urinarios son lo último en tecnología, con sonidos como el piar de pájaros para enmascarar otros ruidos más prosaicos, o chorros de agua caliente para dejarlo todo bien limpito. El súmmum de la tecnología.

Todo esto lo sabías del país nipón, pero quizás no habías oído hablar del Kanamara Matsuri. ¿Qué es esto, un plato de tallarines, un templo, un tipo de lucha de señores entrados en kilos? Pues no: es un festival en el que se idolatra al pene (el nombre significa festival del falo de acero). En pocas palabras: una oda al falo que se celebra cada mes de abril.

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Imagínate: tú acostumbrado a los capirotes y procesiones de santos en Semana Santa, que de repente salgas a la calle y te encuentres con una procesión, pero no católica, sino de vergas de todos los colores, tamaños y texturas, en su mayoría, en estado de erección, que para eso es un homenaje al miembro masculino y no lo iban a pasear morcillón. No sabrías si estás en el día del Orgullo o en las Fallas de Valencia, todo muy loco.

Esta tradición, que tiene lugar en la ciudad de Kawasaki, se remonta nada más y nada menos que al siglo XVII, cuando las prostitutas de la ciudad acudían al templo para rezar y pedir a los dioses protección contra las enfermedades de transmisión sexual. De ahí ha derivado en un encuentro lúdico pero que tiene como trasfondo el concienciar sobre este tipo de enfermedades y también, recaudar fondos para la investigación sobre el Sida. Además, muchos de los que asisten (y en su mayoría son familias al completo, niños incluidos) también piensan que este día mejora la fertilidad y ayuda a llevar mejor el matrimonio que, como todos sabemos, a veces puede tornarse en una pesada carga.

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Lo habitual es que haya carrozas con penes gigantes, portadas por acólitos al falo (sí, como si fueran nazarenos), y que los asistentes acudan con todo tipo de parafernalia en torno al pene: gafas en forma de miembros erectos, penes que son piruletas, camisetas, velas, como si aquello fuese un camposanto fálico… También se vende comida que evoque el tema del día, como por ejemplo, salchichas y todo tipo de longanizas. En definitiva, un festival muy loco pero con trasfondo serio, no apto para mentes monjiles.

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