Lección lésbica: cómo comer bien los pezones

Si hace unos días aprendíamos la lección de cómo comer (bien) un coño, hoy pasamos a la siguiente asignatura: cómo conseguir que tu pareja se corra mientras le comes los pezones.

Esas pequeñas protuberancias que se encuentran más o menos en el centro del seno y están rodeadas por una aureola, no tienen como objetivo el placer per se, sino que su función es la de alimentar a los lactantes, en el caso de las mujeres. En el de los hombres no tiene aparentemente ninguna función biológica y son un vestigio del desarrollo embrionario, cuando el feto era asexuado. Sin embargo, en ambos casos, pueden resultar ser una fuente de placer importante.
Antes de lanzarnos de lleno, es conveniente conocer si tu pareja realmente siente placer con la estimulación de los pezones. Hay personas que pueden ser hipersensibles, otras apenas sienten nada y otras pueden llegar a alcanzar el clímax con su estimulación. Atrévete a preguntar, la palabra es nuestro mejor aliado. A veces, incluso, depende del día; las mujeres, por ejemplo, pueden ser más hipersensibles durante la menstruación o los días previos. Si ves que tu pareja se resiente al tocarlos, será mejor que te centres en otras partes.

Empieza con tus manos

Una vez aclarado este punto, podemos pasar a la siguiente lección.  Para estimular los pezones puedes empezar con tus manos. Que estas se paseen por los pechos, rozando, acariciando, incluso pellizcando suavemente. Verás que estos empiezan a aumentar su tamaño, se ponen erectos y van adquiriendo más sensibilidad. Otra opción es estimularlos con alguna otra zona de tu cuerpo: los pies, tus propios pechos, tus genitales… ¡Lo que os apetezca! La temperatura irá subiendo y los pezones estarán igual que cuando hace un frío del carajo, ¡todo son ventajas!

Big boobies and nice cleavage view from above

Es momento de que la boca pase a la acción y sirva para algo más que para susurrar palabras de amor (o guarradas) al oído. Juega con los pezones con tus labios: bésalos, succiónalos, rózalos mientras dejas escapar tu aliento cálido sobre ellos… Y no te olvides de la lengua. Puedes hacer movimientos circulares, de arriba abajo, más despacio o más deprisa según lo requiera la situación, incluso si tienes un piercing puedes aprovechar a jugar también con él. Alterna manos, boca y lengua, además de restregarte contra su cuerpo, tocarlo o acariciarlo.

Con todo esto, ya puedes lanzarte a una buena comilona de pezones. Seguro que es algo diferente y con lo que podéis pasarlo muy bien.

Por último, hay dos lecciones que debes grabarte a fuego en tu mente. Primero, el mayor órgano sexual es el cerebro: tenemos miles de centímetros de piel susceptible de ser erotizada, las palabras, las miradas… todo eso ayudará a que consigas excitar a ese gran desconocido. Segundo, el objetivo es el PLACER, no el ORGASMO. Si tu pareja no llega al orgasmo después de todo esto, ¡no pasa nada! Lo importante es lo que habéis disfrutado. Y si descubres que tú o tu pareja tenéis tetas orgásmicas, entierra tu cabeza en sus senos y bon appetit!

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