Las ocho cosas más molestas que fastidian un polvo

Tan pronto comenzamos a mantener una vida sexual relativamente activa, desarrollamos un repertorio personal con las técnicas que mejor se nos dan para alcanzar el placer y facilitar que la otra persona disfrute igualmente. Pero, ¿y si nuestras estrategias fallan? ¿Y si ocurre una situación inesperada y el calentón empieza a echar humo como si os hubiesen echado un jarro de agua fría? Hay que aprender a reconducir la situación y, sobre todo, evitar que los fallos conocidos empiecen desencadenarse sin ponerles freno.

No vamos a hablar de dejarte los calcetines puestos (francamente, peccata minuta frente a los errores más comunes), prestar atención a llamadas o mensajes inesperados (móviles fuera, primera norma) ni de que te excedas en gemidos impostados innecesarios o ‘pastelosidades’ extremas que pueden resultar de lo más incómodas para ambas personas, sean o no amantes conocidos. Hay unos cuantos delitos que cometemos en la cama que cortan radicalmente el rollo a cualquiera, pero seguimos haciéndolos…

1. Miradas exhaustivas. Nadie dice que tengáis que apagar las luces antes de la acción, pero aprovechar la claridad para observar al dedillo y manteniendo cierta distancia con el cuerpo desnudo que tenemos en frente como si no supiésemos ni por dónde empezar, puede resultar incómodo e incluso perturbador. Olvida aquello de ‘se mira, pero no se toca’ y lánzate a saborear esas formas que tanto atraen a tu mirada.

2. Pasarse de ‘suciedad’. Los excesos de guarradas, tanto en la verborrea como en las cavidades de axilas, entrepierna, pies e incluso cuero cabelludo, no son nada agradables. En cuanto a insultar sin ton ni son incluso antes de los preliminares, deberías valorar que la otra persona puede sentirse bastante más ofendida que cachonda. ¿Te canta el alerón? Si eres consciente de ello propón empezar a retozar en la ducha o hazte un discreto ‘checo checo’ en el lavabo. Un hedor demasiado intenso puede dejar K.O a cualquiera y convertir el encuentro carnal en todo un martirio.

3. Pulsar de más los puntos erógenos. Alguien les ha dicho que es ‘el botón del placer’ y algunos se dedican a apretarlo a lo loco, como si así llegase antes el orgasmo… Ojo, que eso incluso puede llegar a doler. En lugar de ir directamente y sin previo aviso a estimularlo a toda velocidad, mejor comienza por acariciar la zona circundante a su clítoris y dejar que sean los movimientos de su cuerpo, gemidos y miradas, los que indiquen cuando hay que pulsar.

4. Fingir. Animar el ‘cotarro’ es siempre buena idea, pero como empieces a “gemir de placer”, a verbalizar “lo bien” que está haciéndolo o lo mucho que “te gusta” y tu paripé sea tan falso que la otra persona se dé cuenta de que estás fingiendo, tú te quedarás sin disfrutar un ápice por haber omitido explicar qué es lo que te pone de verdad y el espectador de tu penosa actuación se quedará completamente en shock. La sensación de humillación y catástrofe sexual es de las más complicadas de solucionar.

5. Arcadas y atragantamientos. Somos humanos, y si los fluidos nos entran por donde no deben, nos atragantamos. Esto es así. Pero si cuando estamos practicando sexo oral tenemos cuidado de respirar por la nariz adecuadamente, ‘dejamos el asunto en nuestras manos’ para poder tomar aire y nos ayudamos de la lengua para no acumular excesos de saliva o líquido seminal o vaginal, podremos evitar ese carraspeo o amago de arcada que tan incómodo hace sentir a la persona cuya entrepierna está frente a nuestra cara.

6. ‘Guturalidades’ inesperadas. En ocasiones los sonidos que se articulan en la parte posterior del tracto vocal son completamente involuntarios. Ronroneos, pitidos e incluso carraspeos que, especialmente si nuestro acompañante de escena no es de confianza, pueden aniquilar completamente la excitación. Procura controlar los ruidos guturales y, por favor, hazlo también con los incómodos y “perfumados” gases… Ah, y recuerda que no, no a todo el mundo le gusta que le escupan o babeen durante el sexo.

7. Encuentros que se hacen eternos. Lo creas o no, las sesiones de sexo maratonianas no suelen resultar más satisfactorias que ‘uno rapidito’. Ni por asomo. De hecho, los intentos por alargar la llegada de la eyaculación pueden resultar cansinos, molestos e incluso responsables de que la otra persona –generalmente mujeres que se topan con hombres que tratan de batir el récord de aguante– termine por pensar qué podría cenar después o si mañana verá tal o cuál película en el cine. En serio, no es cuestión de cantidad. Una cosa es evitar la precocidad y otra muy distinta, amigos, hacer alarde de una resistencia inhumana y cero placentera.

8. Decir el nombre equivocado. Error de los errores, si el sustantivo con el que se remiten a nosotros coincide además con el de la ex pareja de quien tenemos encima, debajo, a un lado o en perpendicular, se puede dar por terminada la sesión.

BONUS TRACK: Insistir en si ‘ha estado bien’. Quien calla otorga, que se suele decir. Así que si no recibimos una sonrisa o caricia sincera sino un gesto de cierto desaire, mejor ni preguntemos. Más o menos te has hecho a la idea de que ha sido un fracaso así que mejor no pidas una valoración que pueda remarcar el desastre vivido. Toma nota de tus errores y progresa adecuadamente para que en futuros encuentros nada os corte el rollo.

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