Las anécdotas más divertidas que tienen lugar en una tienda erótica

En los primeros años de la boutique erótica Los Placeres de Lola, situada en el madrileño barrio de Lavapiés, uno de los establecimientos pioneros de la capital, destinado al placer femenino, los hombres solo podían entrar si iban acompañados de mujeres. Era una forma de posicionarse frente al tradicional sex-shop de toda la vida, de los que cada vez quedan menos, y de que las clientas se sintiesen cómodas comprando, sin ninguna mirada masculina que escudriñase sus actos. Un buen día un señor mayor entró solo en la tienda: “¿Dónde cree que va usted?”, le preguntó una de sus fundadoras. “Pues a comprar algo a María, una compañera de la residencia que se casa este fin de semana”, respondió seguro de sí mismo el señor.

Esta bonita anécdota ilustra las muchas y variopintas cosas que acontecen en el interior de una boutique erótica, donde uno va a confesar sus deseos más íntimos, pero también, sus miedos. Por eso hoy escribimos sobre las consultas/peticiones y las anécdotas más estrambóticas que llegan a este tipo de establecimiento.

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“¿Lo has probado?” Nos confiesan que es una de las preguntas más odiadas por todo dependiente/a de tienda erótica: “Si te preguntan de forma simpática o inocente, puede pasar, pero en la inmensa mayoría hay un tono malicioso…”, comenta Christian, dependiente de Amantis.

– “Algún hombre ha venido preguntando si teníamos cabinas de peep show, o lencería de látex, o si dábamos masajes”, explica Marisa Aranda, de Los Placeres de Lola.

– “Estamos acostumbrados a que nos ofrezcan todo tipo de productos más o menos relacionados con la sexualidad, pero en una ocasión un señor nos ofrecía una cabeza de toro. Yo no acababa de encontrar el vínculo con una boutique erótica pero él no dejaba de decirme: “Que sí hijo, que tú aquí lo vendes fijo, te lo digo yo”, comenta Christian.

– Dos chicas compran un arnés para usar entre ellas. Siguen dándose una vuelta por la tienda. La tienda se medio llena. Las dos chicas desaparecen de mi vista. La tienda se vacía, e intrigado me dirijo al final de la tienda. Y allí están “probando “ el arnés…quedo ojiplático, pero no acaba la cosa ahí, ni cortas ni perezosas me incitan a que..”me sume a la fiesta“.

– Suena el teléfono: “Hola, quería saber si tenéis pistolas de pompas de jabón”. “Disculpa, pero esto es una juguetería”. “¿A qué te refieres?”. “A que nuestros juguetes son para adultos”. “Ah, sí, bien, si las vamos a usar entre personas mayores. Es para una fiesta”. “Ya, pero lo siento, no tenemos pistolas de pompas”. “Y, ¿sabes dónde puedo encontrarlas? Es que ya llevo varias llamadas…”.

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