Las 10 grandes mentiras del sexo que nos ha enseñado Hollywood

Casualidad o no, ellas siempre llevan su mejor lencería bajo la ropa y están ‘preparadas, listas, ya’ en menos de un minuto de toqueteos. Ellos tienen una fuerza sobrehumana y se acoplan al instante cualquier postura, en cuestión de orgasmos nadie se queda a mitad de camino y los chorreones de sudor y demás fluidos corporales brillan por su ausencia.

Éstas son solo algunas de las pautas sexuales que ocurren a menudo en la gran pantalla, y casi nunca en tu dormitorio. No es que lo estés haciendo mal, es que llevan media vida contándonos una película –nunca mejor dicho– sobre cómo es el sexo que poco tiene que ver con la realidad.

1. Nadie se hace pis. Ni antes, ni durante ni después. Parece que no existen infecciones del tracto urinario en Hollywood. Que no te sirvan de inspiración ya que, si quieres evitar las molestas infecciones de orina en tus relaciones sexuales, deberías hacer siempre una visita al baño como cierre final.

2. Maniobras de desplazamiento mágicas. Hay personas con una agilidad increíble en la cama, cierto, pero tanto como para cambiar de posturas a la velocidad del rayo sin tener que readaptar la espalda a la nueva posición ni recolocar el ángulo de penetración como que no.

3. Orgasmos simultáneos. Pasar, puede pasar, pero, así como en el cine suele ser la norma, en la vida real no es tan común que alcancemos el clímax a la par. Punto positivo para esta descoordinación: podemos aprovechar para disfrutar de varios orgasmos en lugar de guardarnos todo el apoteósico placer hollywoodiense para el final.

Attractive heartbreaker and his lover

4. Ausencia de fluidos corporales (e higiene). En las películas nadie necesita darse un lavadito después de una intensa sesión de sexo para retirarse al menos el sudor, ni se manchan las sábanas, mesas o tapicerías de coches de fluidos corporales. No solemos ver a nadie retirar el condón, pero es que, como veremos más adelante, tampoco parecen saber de su existencia.

5. Pasan de preliminares. Posiblemente por recortes de metraje, la mayoría de las veces se pasan por alto los divertidos y necesarios juegos de cama previos. Tan pronto están viendo una peli o cenando como él penetra a ella. ¿Vienen lubricados de serie?

6. Nadie se queda sin aire bajo las sábanas. Esa situación que puede resultar sudorosa y claustrofóbica para quienes se introducen bajo las mantas, en el cine es romántica y sensual. Más aún cuando se trata de sexo oral: quien lo proporciona, además de aguantar más bien poco, sale a la superficie como si nada tras haber estado enterraito entre unas sudorosas piernas.

7. Masturbación exprés. De acuerdo, durante la pubertad puede ocurrir que un poco de roce acabe con una eyaculación instantánea, incluso con los pantalones puestos. Pero no, no es muy normal que con ‘darle a la zambomba’ unos segundos tengamos el orgasmo en nuestra mano.

8. Prevención cero: ojo con la escasez de preservativos. Deben ser inmunes a las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) o a los embarazos no deseados porque en rara ocasión se calzan un preservativo para evitar sorpresas derivadas de sus fogosos encuentros. Nefasta idea que transmitir a los espectadores. De ahí que en algunos países se exija que en el cine porno –que aun siendo también una película puede aproximarse bastante más a la realidad– los actores y actrices tengan que utilizar condones en sus escenas.

9. Contra la pared como si nada. Puede ocurrir que te topes con un empotrador capaz de sostener tu cuerpo en el aire sin esfuerzo alguno. Lo que raramente verás es que la penetración resulte tan sumamente rápida y sencilla. La vagina, por mucho que lo parezca en las películas, no está ubicada en un agujero de la pared.

10. Lo de despejar la mesa… Seamos sinceros: ¿arriesgarías cargarte tu ordenador portátil, el cenicero de cristal que te compraste aquellas vacaciones, la vajilla al completo o tus gafas de ver o de sol por practicar sexo aquí y ahora sobre la mesa? Si te da por imitarles, es mejor que recuerdes que en su caso esos valiosos objetos personales no son más que atrezo.

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