La última locura: inyectarse botox en el escroto

Tras la cirugía vaginal y el blanqueamiento anal, llegan las inyecciones de botox en el escroto… Aunque suponemos que estaréis estupefactos por el anuncio, tranquilos, existe una cierta lógica en todo esto: el botox sirve para quitar las arrugas. Tenemos arrugas en el escroto. Luego si nos inyectamos botox en el escroto, las eliminamos. Este debió ser el razonamiento del tipo que ha inventado esto.

Mark Norfolk, director de la clínica británica Transform, lo corrobora hablando de que “en el último año, se ha doblado el número de personas que se someten a un tratamiento de botox en el escroto”. BUM.

Pero, ¿qué supone inyectarse botox en esa parte? Primero, y más importante: un buen desembolso económico. Estamos hablando de que hacerse este tratamiento no baja de 3.000 euros. Todo ello para tener un escroto liso, sí… y menos sudoroso. Se supone que el botox reduce la sudoración allí donde se inyecta. Vale, esto mola: que las bolas nos suden menos parece bastante agradable. De hecho, el scrotox (sí, se llama así) es una técnica requerida por ciclistas que, al parecer, sí que tienen problemas con el sudor y el rozamiento. Para el resto de los mortales, que no pasamos ocho horas al día encima de una bici, ¿qué nos queda?

Man putting hand in underwear

Pues un escroto estirado y… por tanto, más grande. ¿Puede ser éste un motivo de peso para inyectarse botox?, ¿presumir de unas pelotas de mayor tamaño o es algo que solo nos interesa a nosotros y en los que nadie va a reparar? Y, por otro lado, ¿no hará eso que el pene parezca más pequeño, en comparación? Menudo efecto rebote sería esto… Además, el doctor Norfolk advierte de que “un escroto completamente liso es casi imposible de conseguir”, ya que hay mucha pielecilla suelta por ahí que quizá sería complicado dejar totalmente sin arrugas.

Otro punto controvertido. Los doctores advierten de que un escroto con botox colgaría más y, por tanto, en lugar de parecer perteneciente a un hombre joven, podría dar la impresión de ser el de un anciano y aquí, ugh, sí que la cosa se vuelve en contra nuestra. Totalmente. Arrugas, vale, pero ya que el saquito íntimo cuelgue como si acabáramos de cumplir 80 años, pues en fin…

Para más inri, Norfolk advierte de que podrían darse “posibles complicaciones” al tratarse de una zona tan delicada. Así pues, y con todo esto encima de la mesa, ¿alguien se anima a ponerse un poco de botox en la pielecilla rugosa?, ¿o mejor lo dejamos estar?

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