La rebelión corporal

Nos han dicho durante años qué cuerpos son válidos y cuales incorrectos. Cuáles hay que enseñar, orgullosa de lucirlos y cuáles hay que ocultar por temor a la burla. Nos han educado para vivir en los miedos y las inseguridades de los otros, tomando nuestras decisiones basándonos en el qué dirán.

Y ya no hablo del discurso repetitivo de los anuncios o los medios de comunicación, que ya nos sabemos de memoria hasta la saciedad, sino de la mentalidad de la mayoría de la población. Pocas personas se cuestionan que nuestros gustos vienen dados por la sociedad en la que vivimos. Que nos atraigan los pechos grandes, las chicas jóvenes y las tripas planas es cultural, es aprendido. Nos lo han metido en la cabeza, y se puede modificar.

Cada vez siento más profundamente la hipocresía que se esconde detrás de los alegatos a favor de “La belleza natural”, ese discurso comercial que nos mandan desde los medios mainstream. “Tienes que gustarte tal y como eres”, “Has de aprender a quererte a ti misma”, “La belleza no tiene edad”.

Woman with belly fat getting dressed
Pero ojo, puedes salirte de los parámetros de la normatividad dentro de lo que todavía se considera la zona de confort. Si subes un escalón más, te has pasado. Está bien que seas “curvy”, pero no que seas gorda. Está bien que no te maquilles, pero ¿no depilarte?. Muy bien, vístete como quieras, pero esa falda es muy corta.

Te puedes salir del cajón, pero solo un poquito. Más allá es terreno oscuro, salvaje. Prohibido.

Nuestro cuerpo ha de convertiste en campo de batalla, objeto y motivo de lucha. Aprendamos a rebelarnos contra los convencionalismos y asumamos que lo que la sociedad nos enseña como único modelo de belleza es solo un tanto por ciento ínfimo de lo que podemos desear, apreciar y amar.
Estamos en un momento de cambio, de revolución. Tenemos las herramientas, ¿qué hemos de hacer? Salir ahí fuera y hablar, agitar conciencias y lanzar un discurso potente. Cuestionar el sistema es el primer paso para cambiarlo. Necesitamos una alianza, un acuerdo real. Y subrayo la última frase: un acuerdo real.

No hay dos bellezas iguales

Hago hincapié en esto porque todo el mundo asiente cuando lee estas líneas, pero luego mira hacia otro lado cuando oye comentarios racistas. Cuando alguien es acosado, degradado y humillado por estar gordo, ser viejo, tener pelos en las piernas o sufrir una enfermedad. Porque las cicatrices, las estrías y las marcas de nacimiento son inherentemente feas. La chicha que se te escurre por encima del pantalón te la tienes que tapar.

Es hora de que nos reconciliemos con nuestro modelo de belleza, nuestras carnes, nuestra sexualidad. Que nos rebelemos contra lo homogéneo, la estandarización. Porque ni hay dos personas que se puedan cortar por un mismo patrón ni hay dos bellezas iguales.

Repudiemos la insatisfacción constante que nos provoca la opinión de los demás y empecemos a cuidar la nuestra, que es la única que importa.
Y  sobre todo, dejemos de definirnos por el sistema en que vivimos y empecemos a definirnos a nosotras mismas.

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