Kit de supervivencia para no recaer tras una ruptura

No sé vosotros, pero yo día sí, día también, veo parejas que tras discutir amarga y repetidamente acaban por romper. Si todo acabara ahí, probablemente se harían un favor a sí mismos y al resto, que tenemos que aguantar tantas idas y venidas. Pero no, deciden que, tras una conversación y/o un polvo de reconciliación, todo vuelve a ser de color de rosa y la magia regresa a la vera de la pareja… hasta la próxima discusión. ¿Dónde está el problema?

Los cuatro jinetes del apocalipsis de las rupturas
“Los que se pelean se desean” y su fiel escudero “Quien bien te quiere te hará llorar”, es el primero de los cuatro jinetes del apocalipsis en lo que a relaciones se refiere. Bajo estas ideas subyace que si sufres en una relación, es porque merece la pena, y cualquier discusión, por dura e insufrible que sea, debes aguantarla en aras del amor. Pero tirando de refranes, “No hay peor ciego que el que no quiere ver” y, si tu relación de pareja hace aguas por los cuatro costados, es mejor que hundas ese barco en lugar de dejarlo a la deriva. Si discutes por todo, no os ponéis de acuerdo en nada, discrepáis en los aspectos más básicos de vuestra relación y has dejado de ser feliz, ha llegado el momento de afrontar la cruda realidad. Ha llegado el momento de romper esta relación.

El calentón del momento es el segundo jinete al que debes temer. Tomar decisiones importantes bajo la pasión (buena o mala) del momento solo puede llevar a posibles arrepentimientos. Tirando nuevamente del refranero español, la frase “Casar y descasar, muy despacio se ha de pensar” es digna de tenerse en cuenta.

Unhappy Couple Standing Back To Back At Home

Hay que pensar con detenimiento si la persona que tenemos enfrente es la adecuada para ser tu pareja (lo que puede evitar muchos disgustos futuros), pero también para decidir cuándo ha dejado de hacerte feliz. Si a cada discusión decides dejar la relación, es muy fácil que vuelvas a tropezar con la misma piedra una y otra vez. La determinación es tu aliada en esta batalla: medita tus opciones, toma una decisión y, si tienes claro tu objetivo, será más fácil mantenerte en tus convicciones.

La pena es el tercer rocín del averno, silencioso como pocos y efectivo como ninguno. Una vez pasado el cabreo y furia inicial, la duda te asalta cual emboscada. Comienzas a recordar algunos buenos momentos, aunque hayan sido pocos, y te aferras a ellos cual clavo ardiendo. La nostalgia comienza a teñir todo de color de rosa, los problemas parecen más pequeños y lejanos y una ilusión irreal comienza a apoderarse de ti. Es entonces cuando alguno de los dos cae y comienza la guerra psicológica por la pena. Si no te mantienes firme en la decisión que tomaste, caerás en combate y te verás arrastrado/-a a una relación cada vez más destructiva.

Por último pero no por ello menos importante, tenemos al jinete que cierra la avanzadilla: la culpa. Te asalta cuando menos te la esperas, instigada por tu pareja o motu proprio. Empiezas a pensar qué podrías haber hecho mejor para que no pasara esto, en qué podrías haber cedido. La idea de la media naranja empieza a adueñarse de ti y te lleva a preguntarte cosas como “¿Y si no encuentro a nadie mejor?”, “¿Y si esto es lo que me merezco?”. Pero si algo debes tener claro es que te mereces a alguien que te trate bien y que te haga feliz.

Si quieres enfrentarte a los cuatro jinetes, no olvides tu kit básico de supervivencia ante el apocalipsis: autoestima, autoconfianza, determinación y convicción, las armas que necesitas para enfrentarte a la dura batalla de dejar a tu pareja y no recaer en el intento.

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