Juguetes eróticos, ¿placer o risas?

Reconozco que nunca he sentido demasiada atracción por los juguetes eróticos, pero a raíz de estos artículos he empezado a documentarme y hay unos cuantos que algún día probaré, no por el placer en sí, sino por las risas. De hecho, la única vez que probé uno de estos juguetes nos reímos más que otra cosa…

Imaginad la típica boda de una prima segunda a la que os da mucha pereza ir. A eso, añadidle que en vuestra familia las mujeres mueren muy tarde, lo que significa que entre tu abuela y tus tías abuelas hay 9 viejas preguntando “Y tú, ¿cuándo te casas?”; y, para rematar, juega tu equipo de fútbol, así que mi chico y yo decidimos llevarnos un huevo vibrador para divertirnos un rato; total, ¿quién se iba a dar cuenta?

Era la primera vez que lo usábamos y, nada más empezar la ceremonia, lo accionó con el mando a distancia. Todo bien; un suave hormigueo que resulta de lo más placentero. Miradas, sonrisas de complicidad… Entonces, él decide darle más intensidad al vibrador, tanta, que mi abuela en la fila de delante se vuelve y me dice que no para de vibrarme el móvil. Todo son risas hasta que se da cuenta de que, para bajar la intensidad, antes tiene que pasar por todos los modos.

Y ahí estaba mi supuesto móvil vibrando en modo intermitente, luego en modo ascendente, luego en modo descendente, hasta que al final pasa al modo suave de nuevo. Todos los invitados en dos metros a la redonda, mirando. Menos mal que en mi entorno somos de culo gordo y eso significa poca ocupación de personas por metro cuadrado.

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Termina la ceremonia y se acerca mi cuñado a pedirme el cargador del móvil; le digo que lo tengo en el coche, así que le pide a mi chico la llave para abrirlo y, al sacar todo lo que lleva en el bolsillo de la chaqueta, aparece el mando del dichoso vibrador; lo coge al vuelo pensando que son las llaves del coche y sale por la puerta, con mi chico detrás, intentando decirle que eso no es la llave del coche.

Yo estaba tranquila pensando que no me enteraría de nada pero el vibrador comienza a funcionar otra vez, con lo que descubrimos que tenía un alcance de 100 metros… Hasta entonces, nunca me había molestado haber aparcado tan cerca de la puerta del lugar al que íbamos.

Mi chico consigue abrir el coche desde la llave que él lleva, para que mi cuñado no sospeche que lo que tiene entre sus manos está conectado a mi punto G, y recupera el mando. En ese momento salgo por la puerta y me para mi madre, que estoy colorada perdida, y yo disimulando, “nada, mamá, que nos hemos tomado unas cañas durante la ceremonia…”. Mi madre con un mosqueo de aúpa, diciendo que qué es eso de irse a tomar cañas durante una ceremonia de un familiar medio cercano y no decírselo a ella, que se ha tenido que tragar el sí quiero entero…

Así que hice lo que tenía que hacer, ir al bar más cercano e invitarle a unas cañas y aprovechar para sacarme el huevo vibrador; un consejo, si hacéis esto, sed previsores y llevaos algo para guardarlo; mi manía de no ir con bolso a ningún sitio hizo que tuviera que sacarlo, lavarlo, secarlo con papel higiénico y envolverlo como pude en él para guardarlo en la chaqueta de mi chico. Dije que nunca más lo tocaría, y ahí estuvo hasta que mi cuñado nos pidió un día ese traje para ir a una boda y nos llamó diciendo que se había encontrado un huevo vibrador en el bolsillo y que esperaba que fuese mío o tendría que amputarse la mano.

Así que, si eso me pasó con un simple huevo vibrador, imaginad la de historias que podré contar con cosas tan bizarras como:

el periscopio vaginal. Así mi chico sabrá al 100% cómo soy por dentro.

–  la silla de montar para la lavadora. No será un éxito si no termino la historia acudiendo al hospital con algún hueso roto.

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