Hay un nuevo fetiche: meter insectos en el sexo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura desde hace años que la solución al hambre mundial está en comer insectos. Imagínate que la prima hermana de este organismo, la OMS (Organización Mundial del SEXO) recomendara también los bichos para que el sexo fuera mejor. ¿Qué ocurriría? Pues que una pequeñísima parte de la sociedad se alegraría. En concreto, la parte que tiene un fetiche llamado formicofilia. Porque, sí, aunque cueste creerlo, esto existe, amigos.

La formicofilia consiste, para entendernos, NO en tener sexo con insectos (que a ver cómo sería la cosa), sino en introducirlos como parte del jueguecito erótico. Resulta que el tema ha saltado a la luz pública cuando un hombre ha escrito a una columna de asuntos amorosos llamada The Stranger diciendo que su amante quería meter bichitos en el acto sexual. Él, diligente, le había ofrecido coger unas hormiguitas y ponérselas encima mientras hacían el amor. Pero ella, erre que erre, le había pedido que, por favor, le metiera unas lombrices o unos gusanos en la vagina.

Ante esta tesitura –que no nos engañemos, no pasa todos los días-, son muchos los expertos que han dado su parecer y hay tantas cosas mal en relación a esta bizarrísima práctica que no sabemos ni por donde empezar.

Por un lado, lo de ponerte en los órganos sexuales (no digamos ya en los internos) animalitos que vienen de la tierra es jugar a la ruleta rusa con tu salud. ¿Y si te infectan con una bacteria o te transmiten alguna enfermedad? Nos entra el tembleque solo de pensarlo.

Gummy Candy

Por otro lado, las posibilidades de un gusano de sobrevivir mucho tiempo en una vagina son mínimas. Puede morir aplastado ante la embestida del pene, por asfixia o por vaya usted de qué otro modo horroroso. Los restos mortales del gusano podrían provocar infecciones o incluso alterar el PH vaginal. Que no mola nada, vaya.

Además, hay un dilema moral que se plantea aquí. ¿Con qué derecho, nosotros, los seres humanos, podemos tomar la vida de un organismo vivo, por muy bicho que sea, para satisfacer nuestros instintos sexuales más desviados? O dicho de otra forma: cuando el gusano llegue al otro mundo gusanil, ¿cómo va a explicar su muerte? No hay más preguntas, señoría.

Alguno ha propuesto simular la experiencia con otro tipo de ‘gusanos’, como los de gominola, pero aquí se plantea otro problema: el de cómo reaccionaría la flora vagina ante el azúcar. Además, estos no se mueven, que se supone que es lo que provoca el gustirrinín. Imaginamos, vaya.

Uno no puede evitar preguntarse si todo esto no será un fake, pero NO: resulta que la formicofilia tiene incluso entrada propia en Wikipedia, en la que se relatan los casos de un par de individuos aficionados a introducir insectos en sus juegos sexuales. Uno de ellos, además, también se sentía atraído por perros y cabras, por cierto. El arca de Noé y el Kamasutra, juntos por el mismo precio.

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