Guía sobre el punto P para hombres heteros

Tengo una amiga que cada vez que uno de sus ligues le proponía sexo anal se escapaba de la situación contestándole al chico “-Vale, pero luego me dejas que yo te lo haga a ti”. Y le fue bien con la estrategia hasta que empezó a encontrarse con que cada vez más hombres le contestaban “Ey, sí, que me encanta”.

Si tú eres uno de esos hombres heteros que aún no lo han probado pero al que le gustaría ser tan abierto de mente como para estar más abierto de…, esta guía es para ti. Todos los que lo habéis probado repetís: uno de los mayores placeres sexuales del mundo es una felación “con el dedo dentro”.

La próstata es una tesorazo que la naturaleza nos ha resguardado a unos 4-5 centímetros de la entrada del ano. Sus inervaciones hacen que el tacto de esta glándula provoque sensaciones que nunca sentirías con la manipulación de tu pene. Un orgasmo prostático se siente con todo el cuerpo y es mucho más intenso ¡y más duradero! que cualquier orgasmo peneano. Aún más: puedes tener varios en una sola sesión.

¿Qué necesitas para experimentar esta maravilla? En primer lugar, una compañera sin prejuicios y con ganas de juguetear. Y con las uñas cortas, obvio. En segundo lugar un poquito de higiene: compra una pera o apáñatelas con la manguera de la ducha sentadito en el WC. Con que limpies la zona final del recto es suficiente.

Metal love balls

Después necesitaréis lubricante. Sé un poco elegante y compra el de base acuosa, que la mantequilla es un engorro y sé de qué hablo. Y comenzad probando con diámetros accesibles. El ano es un músculo y todos los músculos se entrenan. Si estás orgulloso de tus pectorales puedes estarlo también de tus esfínteres si sabes planificar entrenamientos, rutinas, incrementos y repeticiones. En los sexshops venden “plugs” anales que van desde diámetros como de lápiz hasta los 5 centímetros para “culturistas del ojete”. También podéis empezar con dedos: un meñique, un índice y, por fin, un dedo corazón que es el que mejor se presta a los palpos rectales como bien sabe tu urólogo (si él te contara la de erecciones que ha provocado sin pretenderlo…).

Túmbate bocarriba en la cama y pide a tu chica que comience lubricando bien la zona (un poquito de rimming sería una introducción deliciosa) y que inicie la maniobra presionando con la yema del dedo. Que haga un poquito de presión para que se abra el anillo. Que suelte y que el anillo se cierre. Vuelta a empezar. Unas cuantas veces. Hasta que sientas que quieres ir más allá y tú mismo le digas que entre. Es importante que sepas que la musculatura del ano está diseñada para expulsar así que tu primer reflejo será ese.

Relájate, respira y empuja como si quisieras dejar ir un pedete (sin pedete, por supuesto, que te cargas el momento). Así se abrirá el anillo del esfínter y podrás albergar a este intruso que comienza a gustarte. Mientras, te puedes ir masturbando o puede irte felando. En ambos casos comprobarás que la intensidad del placer es mucho mayor. Que siga. Y que presione tu próstata. Con movimientos circulares. O en línea recta: adelante, atrás, adelante, atrás. Y ahora es cuando comienza ese placer diferente que estabais buscando. La erección será distinta de todas las anteriores. Sentirás que los movimientos sobre tu glándula empujan todo el riego sanguíneo a ascender por tu miembro.

La primera vez sorprende sentir algo semejante. Comunícate con tu chica, es imprescindible que ella esté al tanto del efecto de sus movimientos. Y pídele que siga experimentando con diferentes tipos de movimientos mientras permanece con tu pene en su boca.  Cuando llegues al orgasmo sentirás algo también nuevo ya que las contracciones de tu ano se verán detenidas por la presencia de su dedo y experimentarás un plus de intensidad ya que la abertura anal incrementa la intensidad del placer hasta donde ni sabías que existía.

Habrás visitado el paraíso sexual del “Punto P” y, a partir de ahora, sabrás qué le vas a pedir a tu chica por cada cumpleaños. ¿Qué no? Ya me lo contarás.

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