Guía práctica para disfrutar de una sesión de sexo duro

Nadie lo pone en duda. Una divertida sesión de sexo en confianza, con risas, besos, abrazos y caricias; un buen abrazo después de llegar al orgasmo y esa complicidad de saber que todo va a fluir tal y como os gusta, resulta de lo más agradable y placentero. Pero también es un poco aburrido, y lo sabes.

Conoces de sobra cómo disfrutar del ‘sexo vainilla’. Hasta ahí todos de acuerdo. El caso es que de cuando en cuando te gustaría innovar un poco y convertir el encuentro en algo más picantón. Algo más caliente. Más sucio. Más carnal. Más bruto. No te sonrojes: no eres la única persona que desea con todas sus ganas darle una vuelta de 360 grados a su vida sexual y pasarse, aunque sea un día, por probar, al lado oscuro.

¿50 sombras de quién? Que superen tu ‘BDSM casero’

En primer lugar, deja avergonzarte por ansiar probar una sesión de sexo duro. El acostarse con una persona extraña, sin conocer apenas su nombre, y retozar de placer en un encuentro espontáneo, salvaje y con algo más que palmaditas en el trasero es una de las fantasías sexuales más compartidas por el común de los humanos. Y el hecho de que esta sea la vía rápida para pedir ‘un poquito de caña’ a las relaciones sexuales sin tener que enfrentarse a una conversación previa con su pareja, tiene mucho más que ver en este asunto que el siempre recurrente Grey y sus famosas sombras.

No estamos locos, y los expertos en sexología insisten en que sabemos –aunque sea de manera inconsciente– lo que queremos. Cuando nos muerden, nos azotan o nos arañan mientras mantenemos relaciones sexuales, hace que nuestra presión arterial se dispare y aumente el ritmo cardíaco. O lo que es lo mismo, nos excitamos a lo bestia. En realidad, es nuestro cerebro el que se viene arriba al activarse las áreas que responden al dolor y que, curiosamente, se superponen con las que responden a la activación sexual.

Sea como fuere, tampoco es buena idea aparecer con un látigo y unos arneses de cuero sin previo aviso. Para que el que hemos querido denominar amablemente ‘BDSM casero’ fluya sin problemas, mejor habladlo antes. Una vez el “por qué no” se convierta en un “¿lo practicamos hoy mismo?”, probad con estos truquillos y disfrutad de un sexo salvaje que encenderá vuestras neuronas y partes íntimas como nunca antes habíais sentido:

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Una comunicación diferente: empecemos por olvidarnos del “mmm así, así” tradicional y demos rienda suelta a un lenguaje algo más atrevido y ‘sucio’ que nos ayude a meternos en barrena.

Atrezo: tampoco tienes porqué desembolsar medio sueldo en complementos de cuero y látex, pero la ropa interior de algodón color carne y agujereada complicará que ninguno de los presentes quiera “ser malo”.

Azotes en el trasero: una palmadita sonora e indolora con la palma de la mano abierta sobre el cachete del culo más carnoso, se traduce en una vibración que se extiende por la vagina hasta el clítoris encendiendo el deseo sexual en todo el cuerpo. De hecho, los antiguos textos del Tantra señalaban las nalgadas como un gesto ideal para despertar tu kundalini, que es tu chi o energía sexual. Eso sí, ojito con la fuerza aplicada, siempre de menos a más.

Un estimulante agarrón de pelo: que nos toquen y masajeen la cabeza suele ponernos a tono, pero si además tiramos con un pelín de fuerza del cabello para dirigir la cabeza, cuello y cuerpo de la otra persona hacia donde mandemos, ayudaremos a crear una oleada de adrenalina y endorfinas difícil de calmar. Asegúrate de agarrar el pelo cerca del cuero cabelludo, como si estuviésemos dando un masaje un poco más fuerte de lo habitual en el cráneo o nuca. Nunca tiremos de las puntas, que eso duele por el amor de Dios.

Sabrosos mordiscos: morder a nuestro acompañante de alcoba despierta definitivamente nuestro lado animal más primitivo. No nos lancemos a pezones o entrepiernas y empecemos por mordisquear sensualmente su labio inferior (¡hablamos de la boca!) y deja que tus dientes y mandíbula sigan bajando lentamente por su cuello, brazos, pecho, glúteos…

Jugando a los muñecos: la idea es convertir en algo realmente excitante –que no simplemente ‘cómodo’– el dejarnos guiar por quien nos acompaña. Que nos lance sobre la cama y simplemente nos cubra los ojos o acabemos maniatados sin poder movernos mientras disfrutamos de placer, no suena nada mal ¿no? ¿Qué tal si después invertimos los papeles? Por probar, que no quede.

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