Guía para hacer bien la tijera

La “tijerita” es una de las posturas más icónicas en lo que al sexo lésbico se refiere, algo así como la Marilyn Monroe de las posturas sexuales lésbicas: su fama es tal que a veces el mito supera a la realidad.

Esta postura consiste en que ambas se sientan una enfrente de la otra, haciendo un “face to face” sexual mientras entrecruzan las piernas y rozan sus vulvas la una contra la otra hasta llegar al sumun del asunto. A esta práctica, el roce de las vulvas, en realidad se llama “tribadismo”, pero prueba a decir esta palabreja en una cena con amigos y verás qué cara ponen todos. En fin, volviendo al tema, lo que a simple vista parece fácil, tiene su intríngulis.
Si eres una lesbiana primeriza, o nunca has practicado esta postura, y quieres saber cómo hacerlo, aquí van unos sencillos consejos:

1. ¡Flexibilidad!
Como si de Jane Fonda se tratara, más te vale que te pongas las pilas con la elasticidad. Para esta postura se requiere que abras bien las piernas y seas capaz de mantener una más arriba de la otra durante un largo rato. Si prefieres que la postura sea menos exigente porque tienes menos flexibilidad que un tronco de madera, puedes ladearte un poco, cada una hacia un lado, para que el roce sea mayor y el esfuerzo menor. Si quieres evitar dar un brinco tras un calambre y fastidiar tu noche de sexo aeróbico, ponte a Eva Nasarre en la tele y ¡a darle caña!

2. Tonifica tus músculos
Esta es una postura exigente y por ello es recomendable que estés un poco en forma si no quieres cansarte a la primera de cambio. Los ejercicios de piernas, glúteos y brazos te ayudarán a mantener esta postura hasta que llegue la flojera postorgásmica.

Two girls on top of each other

3. Ponle picardía al asunto.
Ni se te ocurra poner esa cara de concentración que pones cuando haces un esfuerzo físico, sí, sí, esa en la que frunces el ceño y sacas un poco la lengua. A menos que tu objetivo sea echar a una mujer de la cama, tendrás que convertirlo en un juego divertido y picante: juega con tu mirada más ardiente, pon tu sonrisa picarona, utiliza tus manos para estimular sus pezones o deléitate pasando la lengua entre sus labios.

4. Lubricación.
Estoy casi segura que si llegáis a estar un rato en esta postura, la lubricación la pondréis vosotras. Sentir el calor de la otra, su humedad, sentir las palpitaciones de su clítoris junto al tuyo mientras sientes su respiración cerca hará que la cosa fluya sola, aunque siempre es mejor empezar una vez ya nos hayamos estimulado previamente. En caso de no haber suficiente lubricación, no hay nada como un lubricante para dar el empujoncito necesario.

5. Dedícale tiempo.
No es una postura que se consiga a la primera, requiere de un poco de paciencia, de ser capaz de reírte con tu pareja y de tener la mente abierta a explorar con vuestros cuerpos.

Así pues, ponte en forma y a darle a las tijeras.

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