Gatillazos: ¿quién tiene la culpa?

Seamos sinceros. A todos nos ha pasado alguna vez que en medio de una relación sexual, precisamente en el punto más álgido, más caliente, la cosa se viene abajo. Sí, a ti también, no mires hacia otro lado. Pues bien, entendamos ‘cosa’ como pene y busquemos respuestas. ¿Qué ha pasado? ¿De quién ha sido la culpa? Y, sobre todo, ¿qué hay de cierto en eso de “es la primera vez que me pasa”?

En una situación así hay quien cae en el error de hacer suyo el problema: ¿De todas las parejas que ha tenido justo soy yo la que no le pone? Por supuesto que no bonita. Si no ha dado la talla no es porque tú no le excites, ni porque no seas lo suficientemente atractiva o mañosa en la cama (bueno, esto igual tiene algo que ver, míratelo) ni porque no te desee. La autoestima de ambos se juega el tipo en cuestión de un instante, demasiada presión para un pene que de repente se encuentra sometido a un juicio más mediático que el de la Pantoja.

Así que toca cambiar el chip y dejarse de tonterías. La sexóloga Esther Benegas recomienda no rebozarse en la autocrítica y tener en cuenta varias cuestiones: “Lo primero que debemos entender es que la respuesta sexual de hombres y mujeres tiene cuatro fases: deseo, excitación, orgasmo y resolución. La excitación masculina se produce durante la erección. Por lo tanto es perfectamente compatible que te desee pero que tenga un gatillazo. Son fases distintas que unidas responden a estímulos y activan el sistema nervioso central de manera diferente”.

La auto-exigencia no ayuda a la relajación

Como prevención, recomienda prestar especial atención a la relajación para que la erección se produzca con éxito. Y es que eso que parece tan sencillo cuando estamos en faena, no siempre es tal. “Hay muchos hombres que viven las relaciones sexuales como un examen, como una prueba en la que demostrar que son capaces de regalarte el mejor polvo de tu vida”, asegura la experta. “Digamos que esa auto exigencia no contribuye precisamente a la relajación, por lo que el sistema nervioso central se estresa y el pene se declara en huelga”. Así que antes de ver a tu pareja regañar a su miembro o darle ridículas voces de ánimo, prueba a ayudar a tu ‘superhéroe’ a calmarse, será más efectivo (y menos bochornoso).

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Por otro lado, muchas veces damos por hecho que cuando los hombres entran en ‘modo sexo’ ya puede acabarse el mundo que ellos siguen a lo suyo. Pero no es así. A veces están cansados o tienen preocupaciones en la cabeza, y todo esto pasa factura entre las sábanas. A las mujeres no se nos nota (mira tú, una ventaja), y aunque no estemos lo suficientemente excitadas podemos forzar la penetración (nada recomendable, por cierto) y dejar que nuestra mente entre y salga de la cama, ya sea para evocar aquel polvazo de telenovela o para hacer la lista de la compra.

Pero para ellos la no relajación se traduce en no excitación, así de simple. “Conviene aceptar un ‘estoy cansado o agobiado’ como respuesta válida y sincera, y dejar de interpretar sus palabras a nuestra manera”. Nota mental chicas: cansado y agobiado no significa ‘no le gusto’.

No obstante, la forma en la que tocas, besas y chupas a tu pareja puede gustarle más o menos e influir en la fase de excitación. “En ese supuesto le corresponde a él decirte cómo le gusta, porque obviamente cada uno tenemos nuestras preferencias y ritmos, no podemos adivinarnos”, añade Benegas.

Y no olvidemos que un gatillazo también puede tener que ver justo con lo contrario, algo que pasa más veces de las que creemos. “Le pones tanto, le impones tanto, eres tan especial y quiere impresionarte tanto que, de pronto… eres demasiado para él. Como fantasía, dentro de la fase de deseo, esto es genial, sin embargo resulta demasiada activación para la fase de excitación. En ese momento se trata de estar en el placer, en los sentidos, en el presente, en la relajación, y es mucha carga para un simple y humano pene”, concluye la sexóloga.

Si le gustas, lo verás antes en sus ojos que su miembro, así que no hagas tuyas sus presiones por favor. Relájate y disfruta, e invítale a él a hacer lo mismo.

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