Expectativas vs. Realidad: tres fantasías que preferirías no haber cumplido

Cuánto daño hacen el cine romántico, el porno y tu amigo el fantasma… Y menos mal que no nos da por grabarnos cuando nos lanzamos a cumplir alguna de las fantasías que rondan nuestra cabeza.

BAÑOS EN PAREJA

Expectativas: Dos cuerpos desnudos, abrazados bajo la abundante espuma de una bañera ovalada. Un olor intenso a pétalos de rosa invade el baño y os invita a dejaros llevar por el deseo. Besos, caricias y una copa de champagne para celebrar el éxito de la romántica noche en pareja.

Realidad: Tu bañera es algo más recogida de lo que tu mente había ideado. La espuma se reduce a un pequeño rastro de jabón flotando sobre un agua que se va quedando helada. Os toca lidiar con la pegajosa cortina, que se queda adherida a la piel de vuestro pompis al menor descuido. Las cuatro piernas no caben y se tienen que turnar por un espacio bajo el agua. Cuando creéis haber cogido postura, os acordáis del preservativo… Por alguna razón en las películas siempre se saltan este paso. Uno de los dos sale a buscarlo, pone el pasillo perdido de agua, regresa corriendo con piel de pollo y, al entrar de nuevo, tira la copa de champagne, que reaparece a flote ladeada. El momento penetración se convierte casi en un reto personal: aquello ni entra ni sale, pero no será por falta de empeño.

SEXO EN LA PLAYA

Expectativas: Toda la playa para vosotros y el abrazo bajo una enorme luna llena. Os desnudáis lentamente y vais dejando prendas cuidadosamente tiradas por toda la playa, en un dulce recorrido (a lo garbancito y sus migas) hasta la orilla. Mientras la espuma del mar roza vuestros cuerpos, hacéis el amor de forma apasionada y caéis rendidos en un profundo sueño. El sol del amanecer y el sonido de las gaviotas os despiertan horas más tarde, a los dos al mismo tiempo. Os miráis a los ojos, y al recordar lo ocurrido esa noche, os fundís en un largo beso.

Realidad: Toca buscar un lugar sin demasiada luz para pasar desapercibidos. Os jugáis una multa si os pillan. Colocáis la toalla y procuráis quitaros la ropa imprescindible, por si hay que disimular o salir corriendo. Comienza la tiritona: parece que la temperatura nocturna no es la que esperabais. Quién se atreve ahora a meterse en el mar, y ya no sólo por el fresco: regresan a vuestra mente los problemas de lubricación ya experimentados en la bañera. Os conformáis con un rapidito sin moveros mucho y aun así salís de allí como croquetas. ¿Quién quiere quedarse a dormir cuando una enorme cama espera en casa?

SEXO EN EL ASCENSOR

Expectativas: De camino a casa, el irrefrenable deseo acelera la urgencia del acto. Llegáis hasta el portal tan acelerados como si escapaseis de alguien y abrís la puerta como si os estuvierais colando en casa ajena. En el breve tramo hasta el ascensor, os vais demostrando vuestro amor en cada pared. Con cara de pillos, os subís a él, seleccionáis con un ansia elegante la planta 20 y, a medio camino, apretáis el botón de stop y dejáis el ascensor ‘fuera servicio’. El pasamanos situado justo debajo del espejo le sirve a ella de asiento. Sólo el espejo es testigo de lo que ocurre. Fundido a negro.

Realidad: Más que surgir de forma espontánea, la idea de hacerlo en el ascensor lleva en vuestra cabeza un tiempo. Buscáis un momento de la noche sin mucho ajetreo en el portal. No sabéis muy bien si cogerlo en vuestra planta o acceder desde el bajo por aquello de que los vecinos de al lado no os estén observándo por la mirilla y vayan a considerar rarísimo que lo utilicéis. Vuestro bloque no tiene más de cuatro pisos, así que disponéis de más bien poco margen para lo que queráis hacer. Alguien ha quitado la barra que debía serviros para coger postura, y el metro cuadrado de espacio del que disponéis tampoco ayuda en exceso. Creéis haber encontrado el famoso botón de ‘stop’ de las películas, pero al pulsarlo se activa un desagradable y estridente sonido y alguien responde al otro lado del altavoz:
– “Buenas noches. ¿Están ustedes atrapados?”
– “Eso pretendíamos, pero lo vamos a dejar por hoy”.

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