¿Existen las parafilias LGTB?

Existe todo un debate acerca de qué debe considerarse simplemente una práctica sexual poco convencional y qué una parafilia. Hay tres preceptos sobre los que podemos basarnos para saber diferenciarlas. En las prácticas sexuales, sean o no convencionales, las personas implicadas participan de forma voluntaria, consciente y consensuada, no suponen ningún efecto nocivo para la persona o su entorno y pueden excitarse además por otros medios diferentes a la práctica en sí.

Prácticas sexuales y parafilias

Aunque he estado indagando en la red para comprobar si hay fetichismos propios de una orientación sexual en concreto, siento decir que no he encontrado nada. Aunque eso no signifique que no exista, puede que no haya rebuscado en sitios suficientemente oscuros de internet. Sea como fuere, te traigo algunos ejemplos de fetichismos y prácticas sexuales “rarunas” que, llevadas al extremo (por ejemplo, que fuese la única vía para excitarse) podrían ser consideradas una parafilia.

Autonepiofilia: consiste en el gusto por usar pañales, beber de un biberón y, en general, ser tratado como un bebé. En algunos casos, se puede usar como un juego de dominación y sumisión.

Dendrofilia: si algo nos enseñó Paco León con su película Kiki: el amor se hace (2016) es que la atracción sexual por los árboles y las plantas existe y tiene hasta gracia. Quizá no nos hemos fijado lo suficiente en lo sexy que puede ser un helecho.

Flatofilia: excitación proveniente del olor de los gases intestinales propios o de otra persona. ¿Os imagináis? Hay pedos que unen personas.

Fetichismos: consiste en sentir atracción hacia un objeto, que poco o nada tiene que ver con la erótica, y que se convierte en una parte esencial de la relación sexual. Tacones, travestidos, comportarse como un animal, látex, cuero, pies… Si hay un objeto considerado poco erótico que te excite, tranquila/-o, no estás sola/-o.

Ahora, vamos a nombrar algunas de las prácticas que, por su idiosincrasia, son consideradas típicamente como una parafilia, ya que atentan contra el consentimiento o contra la salud.

Electrofilia: es la excitación producida por descargas eléctricas, lo que puede suponer un riesgo para salud.

Froteurismo: excitación por el roce de los genitales contra desconocidos. Todas, por desgracia, hemos sentido alguna vez a alguien en el autobús o en metro que se frotaba contra nuestro culo o nuestra pierna sin nuestro consentimiento. Esto atenta contra la libertad de la persona que sufre el contacto.

Somnofilia: relaciones sexuales con una persona dormida. Obviamente, la persona no está en pleno uso de sus facultades, por lo tanto, la voluntariedad es bastante cuestionable.

Vampirismo: excitación ante la extracción de sangre. El riesgo que supone esto puede ser considerable si no la extrae una persona con la formación adecuada para hacerlo.

Asfixiofilia: placer derivado de la privación de la respiración. Se han registrado varios casos de muerte por asfixia de personas que han intentado obtener placer al ponerse una bolsa de plástico en la cabeza.

Latronudia: excitación al desnudarse en la consulta del médico, generalmente fingiendo una dolencia. Al igual que en el frouterismo, la/el médico en este caso puede no estar en la misma onda…

Clismafilia: se refiere al uso de enemas/lavativas durante la relación sexual. El uso continuado de esta práctica puede llevar a serios problemas en el colón, estreñimiento crónico, sangrado en las heces, etc.

Coprofilia y coprofagia: excitación por las heces, ya sea viendo defecar a alguien, untándose las heces en el cuerpo o ingiriéndolas. Como podéis imaginar, el consumo de heces humanas puede provocar el contagio de enfermedades como la hepatitis A y B o la neumonía, o la incorporación de bacterias, huevos de gusanos u otros parásitos intestinales. Sin duda, esta parafilia es una mierda.

Visto lo visto, mi consejo personal es: follad mucho, follad bien, follad seguro, pero sobre todo, follad con-sentido.

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