Estas son las zonas erógenas que descuidas (y no deberías)

Ay, las prisas de estas sociedades occidentales. Con las prisas vamos siempre con la lengua fuera y llegamos al sexo con poco tiempo, extenuados, mirando casi el reloj. El ritmo de vida junto con que las escenas de sexo que vemos en las películas, por ejemplo, que son básicamente genitales, hacen que siempre que nos ponemos en faena nos focalicemos en determinada parte del cuerpo: sí, esa en la que estás pensando y que hemos nombrado hace poco. Los genitales: la vulva en ella, el pene en él. Y de lo demás, casi nos olvidamos, como si no lo tuviéramos.

Y eso es, amig@s, un error. Gran error, porque en realidad tenemos multitud de zonas erógenas, algunas muy comunes y otras que van en gustos, que están ahí, esperando a ser mimadas. Y que son un potencial de sensaciones. ¿Cuáles exactamente? Pues mira, tenemos una muy buena noticia: toda la piel, toda la epidermis, y mira que es extensa, es potencialmente erógena, así que la próxima vez que veas a tu pareja o amante desnudo/a, seguramente lo mirarás de otra forma. “Realmente descuidamos toda la piel pensando sola o únicamente en los genitales. Toda la superficie de la piel puede ser una zona erógena, ya que no hay dos personas iguales y a todas nos gustan cosas distintas. Por ejemplo, el cuello, los hombros, los brazos… Otras personas consideran una zona muy erógena sus pies, que se los chupen, les den un masaje o laman; los muslos por dentro, el vientre y la espalda”, explica la sexóloga Raquel Graña.

Young passionate couple lying in bed

O sea, esto es como las posturas, a cada uno le gusta una cosa, y lo que para uno representa una zona con gran potencial erógeno a lo mejor para otro, no lo es tanto. Es cuestión de preguntar, probar y descubrir. “Solemos poner especial atención en la zona del pecho, las nalgas y los genitales. También, las zonas erógenas predilectas suelen ser el cuello, los muslos y las orejas, sobre todo los lóbulos”, comenta Graña.

Pero, ¿por qué no pruebas más allá? Los masajes de dedos suelen ser muy sensuales para algunas personas; también, las caricias en la muñeca, por la parte interior del brazo; o los tobillos, la parte posterior de las rodillas… es cuestión de atreverse a explorar.

Te damos más pistas: si nos fijamos en el género, según un estudio americano, el top ten de las zonas erógenas femeninas serían el clítoris, la vagina, los labios, el cuello, los pechos, los pezones, la parte interna de los muslos, la nuca, las orejas y en último lugar, el culo. En el caso de los hombres, el primer lugar lo ocupa el pene, después llegarían los labios, los testículos, la parte interna de los muslos, el cuello, los peones, el perineo, la nuca y las orejas.

Así que ya sabes, echa mano del mapa corporal y atrévete a descubrir: hay vida más allá de los genitales.

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