Estas son las tres posturas con las que el pene puede romperse (y son muy comunes)

No hay nada peor que ir al médico con un pene maltrecho. Le pasó a un amigo de un amigo mío (ejem), que sufrió una inflamación por un golpe. Le tocó un médico con la altura y las manos de Pau Gasol. Es algo que te hace sentir muy, muy pequeño…

Por eso, una de las mayores pesadillas a las que se puede enfrentar el ser humano llamado hombre es a una rotura de pene. ¿Rotura? Pero si no hay hueso diréis. Y es cierto. A lo que nos referimos es a la ruptura de la túnica albugínea, que envuelve los cuerpos cavernosos del pene. Lo más frecuente es que esta lesión se produzca durante los juegos amatorios. Es decir, cuando el pene está en todo su esplendor. Lo que se escucha es un chasquido seguido de un dolor intensísimo y una pérdida inmediata de la erección. A continuación, el pene se inflama y va cambiando de tonalidades entre violáceas y azules. Un drama, vaya.

Por supuesto, lo primero que hay que hacer es acudir al médico inmediatamente. La solución es una pequeña cirugía para reparar aquello que se ha roto en una intervención que apenas dura una hora. Es importante operar lo más rápido posible para evitar posibles secuelas como disfunción eréctil, dolores crónicos o curvatura de pene. Normalmente, ha de pasar un mes para volver a la actividad.

Bien, amigos lectores. Si no sois demasiado hipocondriacos y habéis llegado hasta aquí, quizá os preguntéis qué demonios hay que montar para acabar sufriendo este desgraciado accidente doméstico. A pesar de lo que podáis pensar, la mayoría de las roturas de pene no se producen haciendo el salto del tigre ni acrobáticas posturas. No, no. Un estudio de hace unos años estableció las tres posturas más habituales en estos casos y son sorprendentemente habituales.

Legs in bed

La primera es la postura en la que ella está sentada encima del varón mirándolo frente a frente. El hecho de que sea la chica la que controle el movimiento con el peso de su cuerpo incapacita al chico para sacar el pene en caso de que algo vaya mal. Solo pensar en ello, ay, duele un poquito.

La segunda postura es la del perrito. Aquí el plus de peligrosidad se alcanza debido a que el varón empuja, en ocasiones, con demasiado poderío. Basta que el pene se salga y se doble a cierta velocidad o que choque contra los huesos pélvicos de su pareja para que haya un accidente.

La tercera es, tachán, la del misionero. ¿Cómo es posible que la postura más tranquilota, menos acrobática y más simplona ocupe este lugar? Pues suponemos que es por mera estadística. Es la más utilizada, lo que quiere decir que cuando se practica pasan cosas, ya sea un rotura de pene, un embarazo o un orgasmo simultáneo. Pero, eh, esto último es bastante más agradable que partirse el miembro. Quedaos con ello.

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