Estás más cachondo en verano y sí, hay una explicación científica

Algo tiene el verano que nos resulta irresistible. Y no, no es la posibilidad de estar en un chiringuito en chanclas escuchando Despacito una y otra vez. Que eso está bien, sin duda. Tampoco se trata de esas carreras para poner la toalla en la arena e Benidorm como si fuéramos Usain Bolt. Que también tiene su punto, para qué negarlo. Hablamos de esa sensación de “mmm” que recorre nuestro cuerpo, nos hace sentir fetén y nos predispone a estar más abiertos a relaciones. El verano, en definitiva, nos hace andar más cachondos por la vida. Y, aunque no os lo creáis, hay una explicación científica (o varias, incluso).

El solecito dispara nuestros niveles de serotonina. A no ser que estemos pasando el veranito en Londres, los rayos del sol estarán incidiendo sobre nuestro cuerpo un mayor número de horas que en los meses de invierno. Esto es importante, porque potencia un neurotransmisor como la serotonina, que hace que nos sintamos mejor, más felices y más predispuestos a experimentar placer. Bendita serotonina, ¿dónde te escondes en esas largas y lluviosas tardes de invierno?

Young woman straddling man on river bank

Los niveles de melatonina se desploman. Así es: el sol interfiere con nuestra producción de melatonina. Eso, por un lado, es malo, ya que hace que nos cueste más conciliar el sueño. Por otro lado, sin embargo, hay buenas noticias: la melatonina se pega con hormonas sexuales como los estrógenos o la testosterona, con lo que todo conduce a largas –e insomnes- noches de verano en las que, si no podemos dormir, ¿a qué no vamos a dedicar?

El sudor y las feromonas. Con más de 30 grados sudamos, eso está claro. Y ahí entran en juego las feromonas, que se liberan a través de él (también mediante la orina, pero eso no es tan sexy; o sí, vaya usted a saber). El caso es que las feromonas tienen la capacidad de despertar reacciones sexuales en las personas que nos rodean, aunque ni siquiera nos estemos dando cuenta y de hecho pensemos “joder, qué asco, cómo estoy sudando hoy”.

Carne fresca. Las temperaturas suben y la cantidad de ropa que llevamos, inevitablemente, disminuye. Es decir, que la carne queda al descubierto y, en ocasiones –si hemos tenido vacaciones- , más bronceada de lo habitual. Este maravilloso panorama es capaz de despertar la excitación sexual, al menos en el caso de los hombres, mucho más proclives a ponerse a tono a través de la vista. Y seamos realistas, el verano es un auténtico espectáculo visual.

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