¿Es tan peligrosa la práctica del beso blanco como dicen?

El morbo y el intercambio justo de roles en la cama son sus principales motivaciones. Puede que lo hayas practicado y no le pusieras nombre. Te explicamos cómo se practica el beso blanco, qué puede aportar a tu vida sexual y a la pareja en general, y qué riesgos corres cada vez que lo pones en práctica.

Comencemos por explicar en qué consiste esta acción: un hombre eyacula en la boca de su pareja y esta le devuelve el semen mediante un beso francés, con participación protagonista de la lengua.

En el caso más habitual, el que sitúa a la mujer en la práctica del sexo oral al hombre, este traspaso de una boca a otra pretende representar un intercambio de roles que sitúa a ambos en una posición de igualdad: el hasta ahora sumiso pasa a desempeñar un papel activo, del mismo modo que el dominador se transforma con esta acción en sometido.

A este criterio razonable de justicia se le une una motivación mucho más carnal, más instintiva, más espontánea: el calentón del momento. Cuando la implicación es máxima y la conexión plena, no es necesario un diálogo sobre los límites. Simplemente surge, fluye con naturalidad… hasta que uno de los miembros tira del freno de mano en un momento de lucidez responsable.

Ambas motivaciones pueden parecer comprensibles y razonables, pero en la práctica contemplan una lista de peligros incuestionable, especialmente cuando existen heridas abiertas en la boca. La lista de enfermedades que el semen puede portar es extensa: VIH, sífilis, gonorrea, hepatitis, herpes, HPV…
No obstante, vamos a analizar un poco más detenidamente los riesgos:

¿Es más peligroso el beso blanco que una felación tradicional?
La respuesta a esta  cuestión depende de cómo se hubiera estado llevando a cabo hasta ese momento el sexo oral. Si estaba teniendo lugar con preservativo, el beso blanco supone obviamente un salto cuantitativo en el rango de peligrosidad. Si se estaba realizando sin protección, y la eyaculación tenía lugar igualmente en la boca, las diferencias entre una y otra práctica comienzan a minimizarse.

Couple kissing

Mantener el semen durante un tiempo en contacto con la lengua, los labios, las encías y la garganta, transferírselo a la pareja mediante un beso, que esta última además se lo trague… Cada paso suma riesgo, pues el propio esperma es portador de las ETS: más aún si existen heridas en la boca o pequeñas llagas. Sin embargo, esta realidad no resta peligro al propio sexo oral sin protección. Las enfermedades que pueden transmitirse son exactamente las mismas, aunque la exposición a riesgo sea más prolongada durante el beso blanco.

¿Y si estamos convencidos de que nuestra pareja está sana?
Cuando existe una pareja estable, una comunicación permanente y sincera y el convencimiento de que no hay terceras personas, el riesgo de que esta actividad derive en la aparición de infecciones o en la transmisión de enfermedades es mucho más bajo.

No obstante, deberían conservarse todas las medidas si existe el conocimiento de que alguna de las dos personas es portadora de ciertas ETS que pasan desapercibidas con frecuencia y que, aunque tienden a desaparecer por sí mismas, pueden poner en peligro a personas con el sistema inmunológico debilitado.
Un buen ejemplo de ello es el virus del Papiloma, en muchos casos imperceptible y sin manifestaciones físicas o identificables, que se transmite principalmente a través del contacto genital, y a cuyos riesgos la mujer es el miembro de la pareja más expuesto, pues puede derivar en cáncer de cuello de útero. Sin embargo, y aunque los casos de cáncer de boca y garganta por HPV son menos, es el hombre el que tiene mayor probabilidad de padecerlo.

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