¿Es posible encontrar el amor verdadero?

Es cada vez mayor el número de páginas de citas o aplicaciones de contactos que se publicitan con el rotulo de “Encuentra tu verdadero amor”. Tampoco faltan las publicaciones que se nos ofrecen para encontrar “Las claves para encontrar el amor verdadero” o que responden desde posiciones que hasta reclaman como “científicas” a cuestiones de tipo “¿Cómo encontrar a tu verdadero amor?”. Todos y cada uno de esos “reclamos” parten de un curioso error de partida: el creer que existe un único “amor verdadero” y, sobre todo, el creer y dar por sentado que si existiera, éste se “encontraría” como se encuentra uno un conejo en el monte, un jersey de topos en un tienda o un trébol de cuatro hojas en el prado.

Ambas suposiciones, además de falsas, tienen un cierto tufillo a predestinación y determinismo pues parten de la premisa que hay “algo” por ahí ya hecho (el amor) que ronda y que solo exige que nosotros tengamos la fortuna y la convicción de que, tarde o temprano, lo vamos a “encontrar”. Son planteamientos de “cuentos”, en el sentido más amplio del término “cuento”; es algo con lo que se nos embauca y que es una narración infantil apoyada exclusivamente en la ficción. Lo del “príncipe azul”, la alegoría de “la media naranja” (que hasta Platón sabía que era un cuento y así se lo hace relatar al cómico Aristófanes) o de la ranita que, al besarla, se torna en heredero al trono y nuestro amor único y verdadero, son calmantes, consuelos y esperanzas frente a una imperiosa necesidad que tenemos los humanos de emparejarnos y de hacerlo con la mejor persona del mundo, con la que alguien seleccionó de antemano para nosotros en exclusiva.

El amor de cuentos no existe, no se puede encontrar, sólo se puede construir

Pero la realidad, eso que se suele imponer como un canalla a las fantasías, es otra. Si retomamos la narrativa de los cuentos infantiles, el amor no está en el “érase una vez” (que implica que algo ya es de antemano), en el “comieron perdices” (que implica que algo que no estaba se desarrolló en común). Y es que, de existir algo como el “amor” y que se pueda catalogar de “verdadero” (es decir, único, sin competencias ni equiparación), ése no se puede encontrar, sino que se tiene que construir, no está ya hecho (como el conejo, el jersey o el trébol) sino que hay que hacerlo (como se crea una sinfonía o una biografía).

Así, hablar de “encontrar el amor verdadero” equivaldría a decir “encuentre su verdadero conocimiento”, olvidando que, para tener conocimiento de algo, hay que estudiar, esforzarse, vivir, equivocarse y que el conocimiento, sea de lo que sea, nunca puede estar completo.
Por mucho que nos hayamos enamorado, todavía no existe esa “construcción” del amor verdadero.

Romantic evening

Pese a lo evidente de que esto de que el amor verdadero no es algo hecho y que esté por ahí colgando de una rama, sino algo que hay que saber construir y que no puede estar en ningún sitio más que el construyendo, millones y millones de personas de todo el mundo y culturas se levantan por la mañana pensando a ver si hoy es el día en el que encontrarán su verdadero amor.

Y es lógico, porque un día, sin que sepamos por qué (ni nosotros ni la neurociencia ni la psicología ni la madre que nos parió), aparece alguien “especial”, alguien que nos sacude, que nos incita a entregarnos y a entregarnos el mayor tiempo de nuestra existencia. Un día, sin que sepamos por qué, nos enamoramos de ese o de esa (y hasta hay gente a la que esa “excepcionalidad”, ese “milagro”, le pasa casi todos los días). Pero eso de enamorarnos y de que nos entren unas ganas locas de comerle hasta el tuétano, no es ni el amor ni mucho menos el único y verdadero.

Si a todos nosotros nos dieran un euro por cada vez que hemos creído encontrar el amor de nuestra vida, muchos seríamos ricos. Básicamente, porque confundimos los términos, y si bien es cierto que una “encuentra” de quién enamorarse, lo que nunca puede encontrar es el amor verdadero, sencillamente porque en esa euforia y en ese “subidón” sentimental, aunque pueda existir la intención de construirlo, todavía no existe esa construcción del amor verdadero.

Sentido crítico frente a las personas que nos quieren vender el amor verdadero

Así que paciencia, cultura, predisposición al esfuerzo, si lo que de verdad se pretende es eso, tolerancia con uno mismo y quitarse presión de encima, si no se va consiguiendo, y sentido crítico para que, la próxima vez que alguien nos venda lo de encontrar con su ayuda el amor verdadero, sepamos que lo que nos ofrece no es precisamente eso.

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