¿Es mejor masturbarse con Grindr que viendo porno?

Seguramente, cuando uno descarga una aplicación para ligar como Grindr lo que desea es, precisamente, cumplir con el propósito del nombre que la describe: ligar con alguien. Se inicia todo con un escueto “hola”, se prosigue con un poco novedoso “¿qué tal?”, se responde con un insulso “bien, ¿y tú?”, y en seguida se llega a la pregunta del millón: “¿qué buscas?”.

Aquí se produce el punto de inflexión de todo: o la conversación se trunca o toma el derrotero del deseo. Si la respuesta es “buen rollo, sexo”, se inicia la cascada de fotos de todas las partes del cuerpo y si hay match, lo más fácil es tener una erección. Una erección que anticipa el sexo que uno proyecta con ese otro cuerpo. Pero a la hora de quedar se dan numerosos obstáculos: hay demasiada distancia, está lloviendo, hace demasiado calor, es demasiado tarde y queremos dormir, o es demasiado pronto y necesitamos aún un café, etc. La lista de excusas es interminable y, seguramente, uno remata a veces el momento con una paja. Y aquí es donde se descubre una nueva función de la aplicación: ¿no es Grindr (entre otras cosas) una especie de porno interactivo?

Un porno imprevisible

Es cierto que el porno nos ha facilitado mucho la vida. Ha evitado que tengamos que imaginar una fantasía sexual cada vez que buscamos masturbarnos. Aunque este tipo de pajas basadas en la imaginación son, en realidad, las más enriquecedoras, no siempre se tiene la energía suficiente para crear una escena sexual y, además, para ponerla en movimiento. Sin embargo, en la época de las aplicaciones de ligar, el porno a veces se vuelve insuficiente. Tiene algo de mortificante: al fin y al cabo, esos seres que follan delante de la cámara lo hacen por un mandato que no nos corresponde. Lo hacen por el mandato del director. Y tú eres solo un espectador que proyecta en ellos y en sus actos su libido. Pero no puedes influir en lo que hacen, salvo con un solo botón: el de pausa. O el de cambiar de video para buscar uno que se adapte a tus fantasías.

Man Watching Adult Movie On Digital Tablet

En cambio, si uno vuelca su libido a través de una aplicación para ligar, seguramente encuentre mayores satisfacciones que con el porno más clásico. No digo con esto que Grindr sea un refugio de pajilleros, pero es cierto que una conversación subida de tono a través de la aplicación puede generar una erección con mayor vigor y mayor excitación que recurrir a un video prefabricado que solo tiene la opción de “play”. Al fin y al cabo, interactúas con otra persona, y lo haces a través de un doble lenguaje: la palabra y la imagen fija. Con estos dos medios que parecen tan rudimentarios, las posibilidades de excitación son infinitas.

¿Uno está cachondo o se vuelve cachondo?

Uno no entra en Grindr para masturbarse, pero puede ser un efecto colateral de su uso. Uno probablemente siente el despertar del deseo, entra en la aplicación y, con su uso, culmina en una paja. Pero ¿por qué recurrimos a Grindr? ¿Por qué es más efectivo que una película porno hoy en día? Porque en esta época de constante comunicación e interacción a través de redes sociales, la imagen unilateral no nos basta. Un video hecho por alguien que no conocemos (ni conoceremos) y cuyo contenido no podemos controlar ni elegir no satisface nuestros deseos. Hoy, necesitamos que la persona que está al otro lado de la imagen (es decir, al otro lado del espejo) sepa devolvernos la palabra y la mirada. Deseamos que el otro sepa capturar nuestro deseo y traerlo de regreso bajo la forma de una insinuación. Grindr es un porno en el que los actores que miramos se convierten en interlocutores de un diálogo. Es un porno en el que puedes elegir, en cierta medida, los caminos por los que transita la narración (aunque teniendo en cuenta que siempre hay un otro imprevisible tras la pantalla). Y esto es imposible que no genere un morbo superior a cualquier video de pornotube.

Solo hay imágenes fijas y conversaciones

Pero, además, no se suelen enviar videos por estas aplicaciones. Solo tenemos imágenes fijas y palabras: el lenguaje en estos medios es más limitado que en el porno. Y, precisamente, en ello radica su eficacia: en su incapacidad de ser todos los lenguajes. En su limitación. Grindr nos ayuda a fabricar fantasías sexuales de una manera más plena que el porno, porque nos obliga a llenar las lagunas de la comunicación. Se dicen muchas cosas en la conversación, pero se ocultan muchas otras. Se muestran muchas partes del cuerpo, pero se esconden otras más. Y la mente está obligada, como en un ejercicio de la gestalt, a rellenar lo que falta del cuerpo, a colmar lo que no se ha dicho explícitamente. En ese abismo entre lo visible y lo invisible nace un morbo suplementario que ningún video, pese a tener a su favor la imagen en movimiento, puede ofrecer. Y siempre quedan esas imágenes en la conversación para recurrir a ellas en momentos de falta de imaginación…

Y está, también, la frustración. Pensar que no le gustas, o que tu foto no le satisface. Ver que tarda en responder. Saber que sigue el juego sexual de la conversación pero que, en cualquier momento, puede cansarse y detenerlo. Muchas conversaciones son un tira y afloja, un juego de dar y dejar de dar, que mantienen un leve equilibrio de la erección. Hay que hablar lo justo y mostrar lo justo: hablar de más y enseñar de más puede destruir cualquier fantasía. Todo este ejercicio estimula la libido de una manera que supera cualquier imagen en movimiento. Y lo hace porque siempre está en juego la idea de alteridad: tras las palabras y las imágenes hay un otro que, por ser simplemente un otro, es incontrolable.

Es un abismo que nunca podremos domar. No es un objeto, como los actores fetichizados del porno, sino que es un sujeto y, como tal, dispone de libertad de elección y nos puede dominar. Podemos convertirnos en su objeto de deseo, ser cosificados por sus palabras. Aquí, en esta imposibilidad de dominar al otro, desarrolla Grindr gran parte de su potencial masturbador. Por todo ello, algunas de las mejores pajas que recordemos de los últimos tiempos no vengan de un rápido recurso al porno, sino de una compleja conversación y un juego con otro a través de una aplicación.

Click aquí para cancelar la respuesta.