Eres homófobo si…

Cada 17 de mayo se celebra el día internacional contra la homofobia y aún hay quienes se preguntan si son necesarias este tipo de conmemoraciones. Para ellos este artículo, eso sí, desde el cariño…

Este año se cumplen veintiséis desde que la OMS eliminó la homosexualidad de entre su lista de enfermedades. Así, según la Organización Mundial de la Salud, estuve enfermo hasta mis 19 años pero el 17 de mayo de 1990, milagrosamente, desperté curado. Igual de maricón que la noche antes pero ya sin la etiqueta de enfermo. Eso es lo que conmemoramos los homosexuales este día: que por fin dejaron de llamarnos enfermos. Porque homofobia es que te llamen enfermo y otras cuantas cosas más que explicaré a continuación.

homofobia

Homofobia se llama a la violencia ejercida contra un colectivo, el de los homosexuales, que hemos sido históricamente discriminados y mal comprendidos. Esta violencia  puede ser física, psicológica y simbólica (o estructural) siendo esta última de la que, habitualmente, menos conciencia tenemos. Pero está ahí: tiñendo nuestras relaciones y hasta el modo en que algunos nos miran. Homofobia es considerar que, por el hecho de que alguien sea homosexual, le corresponden menos derechos que a los demás (por ejemplo, el derecho a casarse con quien ama). Y, por otro lado, muchos, con sus actitudes, están perpetuando la conculcación de un derecho tan básico como el de la libre expresión de la persona. Me explico.

De la misma manera que se habla de micromachismos, podemos hablar de microhomofobias y podemos definirlas como esas prácticas de la vida cotidiana a las que estamos tan habituados y son tan sutiles que pasan inadvertidas pero que encierran el mensaje de que una persona homosexual no tiene exactamente los mismos derechos que un heterosexual. Un ejemplo clarísimo es el derecho a expresar su persona libremente. Como cada vez que preguntas “¿tiene que ser tan evidente?” sin caer en que ese ser humano tiene tanto derecho como tú a expresarse ¡así de evidentemente!

Pero aún puede ser peor: que dos homosexuales no puedan caminar de la mano por la calle sin que aparezca algún individuo que les termine gritando “maricones” -con el ánimo de ofender- es homofobia. Porque ese acto significa, para el agresor, que dos homosexuales no pueden expresar libremente el afecto que sienten sin merecer -por ello- un insulto. Que el porcentaje más alto de alumnos que sufren acoso homofóbico en centros escolares sea precisamente el de los que tienen más pluma, significa que -en esos entornos- se penaliza la libre expresión de su persona. O dicho de otro modo que: para no ser agredidos, deberían actuar de forma diferente pero nunca del modo que surge de su naturaleza.

¿Ves? La homofobia considera que determinadas personas, por el simple hecho de ejercer su derecho a ser ellas mismas, merecen ser agredidas física o psicológicamente (o criticadas). Y eso es terrible. Y eso es lo que hace que tengamos que seguir trabajando desde los colectivos LGTB. Y si tú no lo entiendes, entonces ahora ya sabes quién tiene el problema. Esto último dicho desde el cariño… eso sí.

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