Sexo y humor: hoy, las parafilias

Cuando me pidieron que escribiese sobre sexo, en tono de humor, empecé a mosquearme… ¿Quién habría sido el mamón que se había ido de la lengua con mi continua predisposición a hacer el ridículo en todas las situaciones? ¿Sería aquel chico que se enfadó tanto cuando estornudé en el momento menos inoportuno, circuncidándolo para siempre? ¿O aquel al que, ebria, cabalgué cual jinete hasta que le hice una lluvia “verdialcohólica”? Nunca lo sabré, espero. Pero, para que comprobéis que hay cosas más divertidas que mis anécdotas, hoy voy a tratar el tema de las parafilias… Efectivamente, hay cosas aún peores que acostarse conmigo.

Fetish Hand cuffs made of red leather for BDSM

Para los que no lo sepáis, hay parafilias de cualquier tipo. Inténtalo. Piensa en la cosa más absurda que se te pase por la cabeza… ¿Ya? Pues existe. Si piensas en tener relaciones liándote el pene en papel porque no tienes ganas de ir a comprar preservativos no se llama estupidez, sino Kokigami. Si te atraen las personas que escriben con faltas de ortografía no sólo es porque veas Mujeres, Hombres y Viceversa, es por la anortografofilia. Si te gusta montártelo sobre cosas inestables tienes pactopsoedadanofilia. Hay tantas parafilias que ni Julio Iglesias las ha probado todas. Y cada día surgen más; hace unos meses se inventó la de mantener relaciones sexuales en público mientras los espectadores se asquean y lo twittean a partes iguales, se llama Dragofilia.

Si ahora mismo les diesen a escoger una, ¿cuál sería? A mí me gustan varias; por ejemplo, ojalá se pusiese de moda la hematofilia, que consiste en excitarse sexualmente ante la extracción de sangre; tendríamos los bancos de donación a tope de sangre y, si no consigues comerte un rosco, al menos a la salida te invitan a un bocadillo. O la ligofilia, que es la atracción por lugares oscuros, donde no sólo ahorraríamos en luz, sino también en tiempo para arreglarnos, total, no se nos va a ver. La misofilia, que es la atracción por la ropa sucia, resolvería el problema de tantos jóvenes universitarios para ligar.

messy, untidy or disordered home concept (unclean socks in stair)

Y la tricofilia, excitación por el cabello humano, haría que ahorrásemos todos una pasta en depilación. Y, si lo juntamos todo, tendríamos a un Yeti oloroso que quiere montárselo contigo en un lugar oscuro mientras se saca la sangre… lo ideal para personas que se sienten atraídas por “heavies” después de que los atropelle un camión.

También hay otras parafilias que me resultan tan divertidas, que sería imposible que yo las practicase; estaría todo el rato partiéndome de la risa, como cuando Vox dijo que tenía opciones en las elecciones. Imaginaos que alguien os dice que le pone la olfactofilia, es decir, oler genitales y/o axilas, ¿podríais aguantar la risa mientras os olisquea como un perro buscando una trufa? O peor aún, si la persona en cuestión es un sumiller, que nada más aspirar os mire y os diga: “cosecha del 72, demasiado maduro, noto trazas a látex y pilas alcalinas con una pizca de lubricante”. O un día conocéis a la persona perfecta y os suelta que le gusta el picacismo, que es la introducción de alimentos en algunas cavidades del cuerpo con el fin de recuperarlos con la boca. Eso sí que es comida fusión y no lo de Ferran Adrià: introducir un trozo de plátano y sacarlo marinado con aroma de mar y guarnición de hongos.

Aunque, definitivamente, si tengo que elegir una me quedo con la estigmatofilia; a ver si de una vez alguien ve excitante las estrías que se te quedan después del embarazo. Si no, siempre puedo seguir contando la historia de que me las hice el día que me lo monté con Johnny Depp como Eduardo Manostijeras.

¿Y tú? ¿Con cuál te quedas?

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