¿En qué piensan ellos para retrasar la eyaculación?

Salvo que hayas dado con un amante experto en sexo tántrico, que haberlos, como las meigas, haylos, el común de los mortales tiene que echar mano de pensamientos nada libidinosos y que poco o nada tienen que ver con el momento, para retrasar la eyaculación y poder seguir disfrutando del sexo, al menos, un ratito más.

Evidentemente, estas técnicas no funcionan siempre, depende del estado físico y mental de cada uno, pero más o menos, tienen su grado de éxito, su, como diría un anuncio publicitario, eficacia probada. Lo curioso es que al igual que cada maestrillo tiene su librillo, los chicos echan mano de pensamientos del todo kafkianos para retrasar al máximo el clímax. Hemos preguntado a unos cuantos cómo lo hacen, y ahí van sus divertidas respuestas:

Javier: “Cuando estoy con mi chica y quiero retrasarlo, me pongo a hacer cuentas de mates, porque las matemáticas nunca me han gustado y se me daban fatal”.

Benito: “Suelo pensar en la mujer de un amigo, que es muy cariñosa pero muy muy muy fea. Lo que también hago es mirar un cuadro de la virgen que tengo al lado de la cama, me lo regaló mi madre. Lo miro y se me corta todo”.

Pony: “Déjame un poco que lo piense, porque hace mucho que no retardo… YO es que… a mí eso se me da muy mal, yo cuando digo que voy, voy”.

merluza

Fernando: “Yo pienso en la merluza que nos suelen poner en el menú del día”.

Fidel: “Si el polvo tiene lugar en mi habitación, a veces miro las fotos de mis hijos, eso le quita todo morbo a la situación y puedo retrasar la cosa”.

Antonio: “Me pongo a pensar en el trabajo, en las tareas pendientes. En el jefe lo evito porque me pondría de mal humor”.

Manu: “Si es por el culo, alguna vez me he convertido en cowboy y he imaginado que cabalgaba, he llegado a disparar al aire con las dos manos incluso”.

Adrián: “Pues depende del momento, pero un pensamiento recurrente para retrasarle es pensar en mi ex y en el proceso de divorcio, no falla”.

Hugo: “Echo mano de mis recuerdos de infancia, concretamente de una profesora que tenía de Lengua y que, aparte de una bruja, era fea como un dolor. Me hizo pasar muy malos momentos en clase”.

Daniel: “Sin dudarlo, en mi suegra”.

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