El monopolio afectivo: una breve introducción al poliamor

Tengo un cuaderno que llevo a todas partes donde apunto notas para mis próximos artículos en caso de que un arrebato de inspiración repentino me golpee sin venir a cuento y no tenga manera de ponerme delante de un ordenador para traducir en palabras semejante pulsión. Cuando hoy lo he abierto en busca de inspiración me he encontrado con esta frase: “El monopolio afectivo”. No sé de dónde ha salido y ni siquiera tengo claro que sea mía así que me disculpo de antemano si alguno de vosotros, queridos lectores, la ha usado anteriormente para hablar de lo que vengo a contaros hoy. Poliamor.

Y es que este es uno de los temas que más ampollas levanta cuando me preguntan por decimonovena vez en una entrevista “¿Y tu novio, qué tal lleva eso del porno?” – Mal, lo lleva fatal. Me saca los ojos con cucharitas de té cada vez que vuelvo de un rodaje – y yo contesto que no hay que llevar nada, porque no es una carga. Pero que lo gestiona genial, porque no practicamos la monogamia. Ni la practicaríamos aunque no me dedicase a al trabajo sexual.

Aquí es donde empiezan a saltar por los aires todos los circuitos, porque lo que la gente se espera de una actriz porno es que:

a) Esté soltera.

b) Tenga una relación con alguien que también se dedique al porno.

c) Tenga una relación muy turbulenta con alguien que no trabaja en la industria.

Lo que la mayoría de personas no saben es que existen alternativas a la exclusividad afectiva y/o sexual. Bueno, no es que no lo sepan sino que piensan que es imposible que una relación dentro de estos términos pueda ser estable. Si te quieres follar a otra gente es que “No le quieres lo suficiente.”, “No has conocido el amor verdadero”, “Lo que tú eres es una viciosa” y un largo etc…

Pero ¿y si os dijera que con los recursos y las herramientas suficientes – Comunicación, asertividad, gestión de los sentimientos – es posible tener más de una relación afectiva y/o sexual al mismo tiempo? ¿No os parece la leche? Las mariposas en el estómago, la emoción al ver que te ha mandado un mensaje, el no poder esperar al siguiente día que os veáis…sin límite. Sin frustraciones. Sin sentirte culpable. Sin poner los cuernos. Suena a paraíso ¿Verdad?

Desde que somos pequeñitos nos enseñan que si queremos algo, tenemos que poseerlo. Ha de ser tuyo, solo tuyo. Cuando se nos educa en la sana labor de compartir, es siempre con reservas.

Así que en el momento en que aplicamos este mismo concepto a nuestras relaciones personales, se da por hecho que la monogamia es obviamente la única opción posible a la hora de establecer pactos con nuestra pareja. La “opción por defecto”. La exclusividad se acepta desde el principio cuando creas una relación romántica con una persona: Si yo te quiero, nadie más puede tenerte. Si tú me amas, sólo yo puedo cubrir las necesidades que aparecerán en tu vida. Lo que no nos explican es que muy raramente funcionamos de esa manera.

Sí, existe el enamoramiento. Ese periodo que dura de seis meses a dos años en los que las hormonas están de juerga dentro de nuestro sistema endocrino mientras gritan “¡REPRODÚCETE!”, y no tienes ojos para nadie más que tu amadx. Es lo que en el poliamor se llama “New relationship energy” (Energía de una nueva relación.). Pero este estado de euforia inevitablemente llega a su fin y es entonces cuando empiezan a atraerte nuevas personas.

Poner sobre la mesa los acuerdos que rigen la relación (sea abierta, cerrada, poliamorosa o anárquica) debería ser el primer punto a tratar a la hora de establecer una nueva pareja. Decidir qué buscáis, qué podéis ofrecer y de qué manera queréis compartir planes de futuro, siempre con la verdad y una comunicación sana como eje central de vuestro discurso. Es la única manera de llegar a buen puerto.

Podría estar escribiendo sin fin sobre el poliamor, pero a través de este artículo lo único que busco es hacer una breve toma de contacto. Por mi parte, os invito a que reflexionéis acerca de qué es lo que estáis buscando cuando comenzáis una relación con una nueva pareja. Y os recomiendo dos lecturas clave, ambas publicadas en español por la editorial Melusina: “Opening up” y “Ética promiscua”.

Si este tema os resulta interesante, estoy más que encantada de continuar escribiendo sobre él en El Sextante. Escribid en los comentarios vuestras opiniones y sugerencias y me pondré con ello en el próximo artículo.

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