El gran error que cometes en la cama por el que estropeas todos tus polvos

Si esperabas que hablásemos de posturas inapropiadas, el uso de un lenguaje tan subidito de tono que puede resultar incluso molesto, la siempre demandada falta de preliminares o el no dar con el día o la hora adecuada, te equivocabas. Hay un fallo mucho más común que casi todos cometemos a menudo en la cama, y es tan fácilmente evitable que te vas a sentir de lo más absurdo cuando lo descubras.

Como se suele decir –lamentablemente sin apenas equivocaciones–, la confianza da asco, y cuando disfrutamos de una vida sexual activa y plena se nos escapa disfrutar de un momento íntimo tan relajante y placentero como el propio coito: hablamos del roce y el cariño postcoital.

Bueno, no ha estado tan mal

Tampoco vamos a decir que sea igual de relevante que alcanzar o no el clímax pero, ya puestos, valoremos: qué preferimos, ¿un polvo fracasado sin ningún tipo de afecto posterior o que al menos nos den unos abrazos y unos cuantos besos después del poco orgásmico retoce sexual?

Pues resulta que, aunque pretendamos ponernos en plan duros y exigir el éxtasis final como meta de nuestros encuentros carnales, la inmensa mayoría de nosotros es capaz de perdonar e incluso olvidar las torpezas sexuales si después de la fraudulenta tarea nos llevamos un poco de cariño. Al menos así lo asegura un reciente estudio elaborado por la Consejería de Educación Sexual canadiense y la marca de preservativos Trojan que acaba de encontrar la manera más sencilla para aumentar nuestro placer y disfrutar de una mayor cantidad de relaciones sexuales: los mimitos.

Va, abrázame

Quizás ya estés pensando aquello de “bah, un estudio canadiense qué tendrá que decir de mi vida sexual”, pero no seamos cerrados de miras y pensemos de verdad cuándo fue la última vez que dedicamos unos cuantos minutos –más allá del pseudoabrazo antes de irnos al baño a orinar o darnos media vuelta y conciliar el sueño– a quienes nos acompañaban en la cama.

Young couple in the room

Según la encuesta, que contestaron más de 2.400 personas por muy canadienses que fuesen, el 71% de las féminas participantes aseguró que recibir mimos y abrazos entre 6 y 10 minutos después de haber practicado sexo convertía la experiencia en algo “mucho más agradable”. Es más, los autores de la investigación llegaron a afirmar que la intimidad post-sexo era tan importante para el placer de las mujeres como los propios juegos previos

Pero abandonemos los tópicos porque esta no es una ‘manía de las mujeres’. No es de extrañar que un encuentro resulte más placentero, memorable o mínimamente recordable si intimamos con la otra persona al margen de penetraciones, lametones, caricias, cambios de posturas y efusivos intercambios verbales de asentimiento o negación. Qué mejor oportunidad para conectar, compartir el nivel de agrado de la experiencia y poner en común posibles mejoras –siempre desde el cariño y sin desorbitados reproches fuera de lugar– que justo después de haber practicado sexo.

No sentir cómo se entremezcla tu respiración con la de la otra persona, el contacto piel con piel o el roce del sudor y demás fluidos compartidos mientras disfrutamos de un abrazo, unos besos en la mejilla, frente o cuello y, a poder ser, unas risas, es el error que cometes en la cama y que te está haciendo perderte otro de los grandes beneficios de practicar sexo.

¿Has escuchado hablar de la hormona de la felicidad y sus saludables efectos? Pues como sigas en modo arisco, vete olvidando de probarlos en propias carnes. Aplica la técnica de los ‘cinco minutitos más’ a tus encuentros sexuales y notarás como la calidad y cantidad de los mismos aumenta, y con creces.

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