El gatillazo femenino existe, ¿te ha pasado alguna vez?

Probablemente te haya pasado alguna vez aunque ni siquiera seas del todo consciente, ya que el gatillazo del que se suele hablar es del masculino, que ha logrado sacar los colores a más de uno en más de una ocasión. En realidad, el gatillazo, sea masculino o femenino, no tiene por qué ser un problema, y nos puede afectar a todos (y todas) en diferentes momentos de la vida por motivos relacionados con el estrés, el alcohol, la falta de concentración, la falta de conexión con nuestra pareja sexual y, al fin, por mil razones a las que no hay que dar más importancia si esto del gatillazo no se convierte en algo repetitivo.

Pero, ¿en qué consiste exactamente el gatillazo femenino? ¿Has tenido alguno en algún momento de tu vida? ¿Por qué te ha ocurrido? Echa un vistazo a estas situaciones, y si te has visto inmersa en alguna de ellas es porque has pasado a formar parte del club de todas aquellas que en algún momento de su vida han tenido un gatillazo.

A veces tengo que utilizar lubricante porque mi vagina está seca.
Bienvenida al mundo del gatillazo femenino. Puede que hayas pasado alguna época de estrés, tristeza y apatía, o puede que te hayas forzado a tener relaciones sexuales en un momento en que no te apetecía demasiado. Cuando la vagina está seca y la penetración se hace imposible sin lubricante estamos viviendo el equivalente a ese gatillazo masculino que, en ese caso sí, impide el coito y hace que muchos intentos acaben en tragedia, en risas o en ambas cosas.

A menudo tengo que sugerir a mi pareja sexual que amplíe los preliminares previos al coito.
Muchas veces los llamados gatillazos femeninos no son tanto culpa de una vagina que no lubrica adecuadamente como de un juego sexual que no cumple su función. Esos empotramientos en seco que vemos en las películas son eso, ficción, ya que en realidad la mayoría de mujeres necesita estar bien lubricada, tras un juego sexual previo, para que la penetración sea un éxito. Parece mentira que en pleno siglo XXI haya todavía hombres que tomen los mal llamados preliminares (¿preliminares de qué? Al fin, sexo es todo: desde la primera caricia hasta el más salvaje sexo anal, por ejemplo, como un mero trámite de unos minutos para llegar a lo que creen el centro de la relación sexual: el coito. Craso error. O cambiamos el chip o el mundo será un lugar repleto de gatillazos femeninos y, por tanto, un lugar peor.

Girl worries about her marriage

Me he ido a la cama con alguien que no me gustaba demasiado y… ¡horror!
Cuidado, porque el gatillazo, tanto masculino como femenino, no tiene tanto que ver con que la otra persona no nos atraiga sexualmente como con el hecho de que no estemos predispuestas, estemos estresadas, poco concentradas y ajenas mentalmente al asunto que nos ocupa. Es decir, puede ser que tengamos un gatillazo con alguien que nos encanta (los nervios del momento pueden también jugarnos una mala pasada) y que estemos perfectamente lubricadas con alguien que ni nos va ni nos viene, pero que nos pille en un momento muy sexual y desinhibido. Sin embargo, no nos engañemos. Cuando alguien no nos resulta atractivo, cuando su cuerpo no nos atrae sexualmente, hay más posibilidades de que venga la terrible sequedad y las consiguientes ganas de que nos trague la tierra. Muchas mujeres explican que la simple visión de un vello desagradable donde no lo esperábamos, unas verrugas que no habíamos calibrado o unas formas corporales que no habían intuido con la ropa puesta pueden dar lugar de un plumazo al temible gatillazo.

He tenido problemas de sequedad a causa del uso de anticonceptivos hormonales.
Muchas mujeres que toman anticonceptivos hormonales aseguran que éstos han disminuido su lubricación, cosa que puede traducirse en la dificultad para mantener relaciones sexuales.

He tenido que dejar alguna relación a medias tras pasarme con el alcohol.
Si te ha pasado alguna vez, esto significa que has tenido un gatillazo como una catedral, comparable a esos penes flácidos post-borrachera que todas nos hemos encontrado en algún momento de nuestras vidas. No pasa nada, mientras el gatillazo –que al fin es un problema puntual que responde a motivos circunstanciales, y que si se presenta de forma anecdótica no tiene ninguna importancia– no derive en dispaurenia. ¿Qué es la dispaurenia? Un problema más común en mujeres que en hombres que consiste en el dolor antes, durante o después de la penetración, en cualquier parte del área genital, que puede deberse a motivos físicos o psicológicos. No hay que confundirla con el vaginismo, que consiste en la imposibilidad de mantener relaciones sexuales con penetración, una dolencia que en la mayoría de casos responde a motivos psicológicos y que se puede superar con una terapia adecuada.

Si has vivido alguna de estas situaciones es que en algún momento te has enfrentado a lo que se conoce como gatillazo femenino. Y no lo sabías. Algo que no tiene mayor importancia si es puntual pero para lo que conviene estar preparada si la vida nos vuelve a llevar a una situación en la que nuestra vagina, pese a estar con alguien a quien deseamos, no responde como debería a los estímulos. He aquí algunas cosas que puedes hacer para combatir el gatillazo.

Ten siempre a mano un lubricante. No olvides que cuando no existe una correcta lubricación, el clítoris no sale afuera, de manera que el coito está abocado al fracaso. Utiliza lubricantes sin temor, y si ves que al otro lado no saben cómo tocar, hazlo tú misma, sin tapujos. Seguro que a tu pareja sexual le excita muchísimo y tu lubricación mejora.

No te obligues a tener relaciones porque toca. Si no te apetece, es mejor que no te obligues, ya que puede ser peor el remedio que la enfermedad.

Combate el estrés y la ansiedad. Yoga, deporte, meditación o cualquier cosa que te ayude a evadirte de tus problemas serán buenos aliados para que tu lubricación sea correcta.

Apuesta por la masturbación. Nadie mejor que tú va a conocer tu vagina y va a saber cuál es la mejor manera de lubricarla y de proporcionarte placer. No esperas que otra persona descubra cosas que ni tú misma conoces, así que… ¡manos a la obra!

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