Drogas: ¿cómo le sienta el Popper al sexo?

Cuando haces pop… Éste era el sonido que producían las antiguas ampollas que contenían el Popper cuando eran estalladas para poder inhalar su contenido. Y así, de una onomatopeya, surge el nombre de una de las drogas más consumidas en el sexo por la comunidad gay. Aunque el tiempo de las ampollas llegó a su fin, y ahora se sirve en pequeños frascos o botecitos cuyo tape se abre en el momento del consumo para volver a cerrarlo y evitar que los efluvios se pierdan en el aire (y si no, pregúntenle a los que se dejan el bote abierto y al día siguiente apenas queda una sombra de lo que fue). Este pequeño gesto (un bote que se extrae de un bolsillo, una tapa que se desenrosca, la nariz abriéndose al aroma) es, a veces, uno de los preliminares más comunes en las relaciones sexuales. Aquí te contamos todo sobre su origen, sus efectos y la forma en que se distribuye habitualmente en nuestro país.

Primero un medicamento, después una droga

Creado en 1852, el consumo de popper fue popularizado por el médico escocés Thomas Lauder Brunton en 1867, aunque en su mente no estaba presente la idea de utilizarlo durante el sexo, y menos en el sexo gay (para algo estamos en el s. XIX). Su idea era buscar, básicamente, un remedio contra la angina de pecho. El Popper está compuesto por sustancias denominadas nitritos de alquilo, que producen un efecto vasodilatador de los músculos que rodean las venas y arterias. De este modo, al consumirlo, las arterias coronarias se abrían y se reducían las molestias y el dolor producidos por la angina de pecho. Sin embargo, el pequeño mareo que se produce tras su inhalación hizo que se buscase una alternativa a la sustancia y se desechase como tratamiento de la angina a partir de los años sesenta… Pero esto no terminó con su consumo.

Ese pequeño mareo que se produce entre los 30 y 60 segundos de la inhalación fue el que llevó a la extensión de su uso en los años setenta, en plena fiebre disco. Las fiestas en las discotecas estaban acompañadas siempre de un pequeño sonido amortiguado por la música, el de la nariz absorbiendo los efluvios del Popper. Y de ahí, la sustancia pasó a ser moneda común en las raves de los ochenta y noventa y fue acogida con especial fuerza por la comunidad gay. Hay quien dice que algunas fiestas de Nueva York eran rociadas con esta sustancia para provocar una mayor desinhibición en el comportamiento de los asistentes… Suena extraño, pero no es descabellado. Y si no, pensad en ese momento en el que un bote de Popper se derrama en una habitación sin previo aviso: el efecto que produce sobre los que habitan el lugar es el de una euforia breve y sin límite.

Gay dance floor full of color

Hoy se sigue utilizando durante las noches de fiesta, aunque lo más común es que se convierta en el preliminar de cualquier inserción anal. Sin embargo, ya no se vende en farmacias, pues el Popper es otro ejemplo de cómo una sustancia hoy considerada como una “droga” procede, en cambio, del epicentro de la ciencia y de la ley. La medicina crea, a veces, los monstruos que luego desea combatir.

Euforia y placer

¿Por qué se ha extendido su uso en la comunidad gay? Básicamente por el efecto vasodilatador ya descrito, pues actúa sobre el músculo liso del ano y dilata el esfínter anal, lo que facilita la relajación a la hora del coito y una menor fricción en la inserción del pene. Sus efectos son inmediatos, apenas se necesita un minuto para poder notarlos, por lo que se utiliza en los instantes previos a la penetración o en su propio desarrollo. A veces, un bote de Popper en la mesilla de la cama es un mobiliario tan útil como una lámpara o el rollo de papel higiénico para limpiar la eyaculación.

Pero, además, lo que más atrae del popper es ese leve “subidón” que se produce instantes después de haberlo inhalado y que se debe a un aumento de la circulación cerebral. El resultado es una sensación de euforia y desinhibición que sirve de complemento perfecto tanto para el baile en una discoteca, en mitad de la música, como para el sexo, tanto en los momentos previos como en el clímax. Seguramente, muchas prácticas sexuales se llevan a su máxima potencia por el impulso de esta pequeña droga.

Al tratarse de una droga psicoactiva, que actúa sobre el sistema nervioso, no produce dependencia, aunque puede provocar ciertos mareos, dolores de cabeza, vómitos o taquicardia si se produce un consumo excesivo. Además, no es recomendable mezclarlo con otras sustancias como marihuana o viagra, ya que puede tener efectos adversos.

Aromas / PP

“Yo siempre que me quedo sin Popper entro en poppers-shop.es y hago mi encargo. Pides lo que quieres y te lo envían a casa. A veces, en el paquetito vienen galletitas, piruletas o lubricante”, me comenta entre risas Rafa, consumidor habitual. Es cierto: entras en la web y, sobre una bandera de España se sobreimprimen las letras “los mejores Poppers en España”. Y eso que, en este país, la distribución de esta sustancia no es estrictamente legal. Sin embargo, hay cauces que permiten adquirirla de una forma sencilla, como si de una compra en Amazon (o en Aliexpress) se tratase.

“Hay un vacío legal que permite que la distribución no esté penada por la ley”, dice Rafa. Y es cierto: la sustancia se puede utilizar para la limpieza de equipo informático. No es legal su venta para consumo como estupefaciente, pero sí para otros usos. Por ello, los camellos suelen adquirir estos botes mágicos en otros países donde se distribuye de forma legal, como Inglaterra o Portugal, y lo introducen en España como limpiador de cabezales. La misma sustancia, el mismo nombre, pero distintos usos. Solo con ese cambio, lo ilegal se convierte en un producto susceptible de intercambio.

Más allá de estas webs que te envían estos botecitos de euforia a tu buzón, su venta se ha popularizado en las aplicaciones para ligar. Así, en Grindr es común encontrar perfiles de camellos que venden esta sustancia adquirida de mayoristas extranjeros. Ellos lo reciben por correo postal (al comprarlo de forma legal, nadie vigila el contenido de los paquetes) y después lo revenden en el tú a tú. Normalmente, estos perfiles están encabezados con símbolos que aluden al Popper y que permiten identificar su función de camello. La más común es “aromas”, y también las siglas “PP”, que a veces también aparecen unidas a “V”, aludiendo a la Viagra. De nuevo, se hace patente el lenguaje secreto de Grindr como comunicador de lo que no puede decirse.

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