"Doctor, ¿el semen en la cara quema?" Las anécdotas médicas sobre sexo más divertidas

Hace poco ha circulado por internet una foto, que reproducimos debajo, de un parte de urgencias que ha provocado la hilaridad de muchos de nosotros y el sonrojo ante el recuerdo de situaciones similares de otros tantos. Porque, lo crea o no, esto es mucho más común de lo que parece.

parte

“Refiere haber usado el semen de su marido como crema facial y que eso le ha quemado la cara”.  Lo reconozco, yo no podría ser sanitaria. A mí me llega una persona con este parte y le diría cosas como “puf, a mí me pasa igual, con tal de no ir al súper, me echo lo que sea”, o “¿le ha quemado la cara? Normal, es que hay que darles de comer espárragos, no guindillas” o mejor aún “pues a mí nunca me ha hecho reacción el semen de tu marido…”. Lo que sea por echar unas risas, aunque alguna vez me lleve una bofetada.

La cuestión es que, hablando con sanitarios, me dicen que esto no es una excepción, que este tipo de casos se dan con más o menos frecuencia, y empiezan a contar, guardando anonimato de hospital y paciente, casos de lo más divertidos.

“A ciegas”

Una joven acude a urgencias acompañada de un chico. Ella lleva un ojo muy rojo y casi no puede abrirlo. Le cuentan al oftalmólogo de guardia que, mientras ella le hacía una felación, él le ha avisado de que iba a terminar para ella poder sacar su miembro de la boca antes. Pero la avisa con tan poco margen que sale despedido, cayendo el semen en su ojo derecho. Le empieza a escocer, doler, se le inflama y acuden a urgencias. Es una reacción típica a sustancia extraña. Pero lo que de verdad sorprende al médico es que, cuando se despiden, le dice que le toca cuidar de su novia. “No es mi novia” dice él. “Nos hemos conocido esta noche. Nos han preparado una cita unos amigos en común”… El médico no puede aguantar la risa y les suelta “una cita a ciegas que te deja a ciegas”; los chicos abandonan la consulta, sonriendo, mientras el médico no puede parar de reír.

“Marcha atrás”

En un hospital de una provincia de una comunidad autónoma aparece un hombre en urgencias, con bata, y la cara cubierta con un pasamontañas. Pide en admisiones que por favor no le obliguen a quitarse el pasamontañas, que es médico en otro hospital de una provincia cercana, en otra comunidad autónoma, y ha conducido más de una hora para poder ir a un sitio donde no le reconozcan. Que tiene una reputación. “Que soy compañero, coño”. Cuando le preguntan qué le pasa, el hombre les cuenta que se ha introducido un consolador un poco más grande de lo normal por el ano. Que siempre suele salir, pero esta vez se ha quedado atascado y no hay forma de sacarlo. Se apiadan de él y lo admiten con pasamontañas incluido, y de esa guisa consiguen extraerle el consolador, el cual, me explican, era casi tan grande y gordo como una botella de un litro de cerveza. No pudieron hacerle foto porque el dueño del objeto lo reclamó nada más sacarlo. Si ha vuelto a usarlo, es un misterio. Si necesitó colectomía, también.

“Embobada”

Una mujer de unos 50 años queda con un señor muy apuesto de unos 60. Ya son varias las citas acumuladas y esa noche deciden tener sexo. Van a casa de ella y comienzan los preliminares. Pero mientras ella le practica sexo oral, empieza a notar cómo la saliva le cae por la comisura de la boca. Asustada, balbucea un “¿pedo qué me paza?”. El hombre no sabe que hacer y le dice que tranquila, que no será nada. “Y zi ez un iztuz. Llama a una ambulandia”. La pobre mujer casi no puede hablar y el hombre, llama al 112. Llega la ambulancia y la señora es atendida por los sanitarios; se le cae la baba, no puede hablar bien, no saben qué pasa, hasta que el hombre, avergonzado, confiesa “para poder durar más… Me he puesto anestesia en la polla”. Y la señora ata cabos sueltos y se queda estupefacta, mirándolo, mientras exclama: “que me haz anezteciado la boca, idioda”. Los sanitarios se fueron, descojonados. Y la pareja nunca más volvió a quedar, o eso pensamos.

Espero que este artículo os haya servido para pasar un buen rato, pero, sobre todo, para aprender algunas cosas:

– Mucho mejor las cremas del supermercado o farmacia, aunque hagamos ricos a las farmacéuticas.
– Ante la “explosión”, cierra los ojos mogollón.
– No todo lo que entra tiende a salir. Mejor ponle un aro para poder agarrarlo y tirar con fuerza.
– Si algo entra y está hueco, recuerda hacerle orificio de salida por el otro lado para que no haga “vacío”.
– La vaselina, ese gran invento.
– Si quieres durar más, recurre a un especialista médico, no al camello del tercero.

Y, por último…

– Si te ocurre algo así, tranquil@, tarde o temprano nos enteraremos todos. Eso sí, sin nombres. Tu anonimato está seguro.

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