Dime qué bebe un hombre y te diremos cómo es en la cama

¿De verdad alguien que bebe San Franciscos puede ser un fiera en la cama? ¿O un tipo que opta por el ron-cola un portento en psicomotricidad fina? ¿Puede sorprenderte un abstemio con un disfraz de oficial nazi? Estas y otras cuestiones, que pueden ayudar a muchas mujeres a decidir si deben irse con un tipo a la cama en función de qué copa agarran entre las manos, han sido estos días tema de debate, como siempre profundo y acalorado, en Las Nenas. Sí, Las Nenas. Ese grupo de Whatsapp que tiene toda mujer con sus amigas en el que se tratan los más diversos temas, y que, en mi caso, colabora siempre gustosamente en El Sextante compartiendo sus opiniones y experiencias sobre el mundo del ligoteo contemporáneo. Y sobre el ser humano, un tema que Las Nenas han logrado dominar ensuciándose las botas durante años en sendas intransitables inundadas de barro. Y en el que aún creen, pese a todo, aunque a veces lo disimulen bien.

Porque Las Nenas son sabias y adorablemente perdonavidas y tienen, además, dos puntos a su favor: unas cuantas páginas del calendario arrancadas y más intuición que un santo. A ellas les cuestionamos a bocajarro sobre la pregunta que nos planteó El Sextante: ¿de verdad se puede intuir cómo es un tío en la cama en función de lo que beba? “Pues claro, tía” (Las Nenas no suelen disimular su desprecio hacia dos cosas que conviene erradicar de este mundo con todas las armas a nuestro alcance: la candidez y la ignorancia). Y nos contaron esto:

1- Gin-tonic. Si quieres llevarte a la cama a un cuñado, escoge al experto en gin-tonics. Si sabe de botánicos y puede enumerarte más de 10 marcas de ginebra, mejor que salgas pitando. Y si además emplea adjetivos para definirlas como seca o floral, Las Nenas solo esperan que no sea demasiado tarde para correr sin mirar atrás, refugiarte en un antro rockero, agarrar al primer tipo con peinado mullet y un quinto en la mano y llevarle a tu casa. ¿Cardamomo? No lo dudes, está a punto de hacerte la caidita de Roma un cuñado comme il faut. En su estantería no van a reposar los versos de Walt Whitman, sino la biografía de Adolfo Suárez, y tendrá un mueble-bar con copas balón, un coche deportivo negro, y probablemente a media faena le llamará su madre. A Cuñado le va a importar tres pepinos tu placer, y no practicará sexo oral aunque tú sí lo hagas, porque él cree que lo único que de verdad importa en esta vida son sus propios deseos, algo que el mundo se ha encargado de demostrarle desde que medía 50 centímetros.

2- Ron-cola. A Las Nenas les gusta el riesgo, cosa que han demostrado sucesivamente en desafortunados capítulos de sus vidas. Y pese a que intentan sentar la cabeza y convertirse en personas razonables, continúan creyendo que la vida es, en realidad, un largo y trepidante juego de ruleta rusa. Esto significa que Las Nenas siempre se la van a jugar con un tío que no solo bebe ron-cola, sino que DICE ron-cola. Alguien que no especifica la marca de ron. Que ni siquiera pide Coca-Cola. Y que probablemente a sus amigos, entre los cuales no queda ninguno con pelo, les dice “voy a por un cuba libre”.

Sin embargo, conscientes del riesgo que comporta llevarte a la cama a alguien que bebe ron-cola en pleno siglo XXI, ellas dicen sí. Alguien que vive en un lugar felizmente anacrónico puede resultar ser a/una caja de sorpresas, un soplo de aire fresco en el aburrido mundo del ligue contemporáneo, o b/ Jesús Gil. Si la ruleta nos depara la segunda opción, cuando llegues a su casa –ese lugar por el que no habrá pasado una bayeta en el último lustro– tendrá colgadas portadas de Interviú en el baño, y en la pica de la cocina te esperará una pila de platos sin fregar junto a cajas de pizza congelada y botellas vacías de refrescos azucarados. Aún así, La Nenas creen que hay que arriesgar, porque puedes estar ante un outsider, ese tipo misterioso y fuera de lo común que cabalga en solitario lejos de las modas impuestas por la sociedad de consumo y la tontería generalizada de la era Tinder. ¿Existe este tipo? Las Nenas todavía no se han encontrado ninguno, pero creen, y eso las define, que no hay que rendirse jamás.

Hands holding glasses with beer on a table in London

3- Cervezas. Alguien que bebe cerveza no te va a dar sorpresas. No va a ser la noche de tu vida, no va a sacarte una latita de caviar de la nevera entre gesta y gesta, pero vas a tener una noche de sexo sin sorpresas que tampoco está mal de vez en cuando. Un tipo que bebe cerveza, dicen, probablemente se saque un quinto y encienda un cigarro tras el polvo en lugar de comentar ese lunar que tienes junto al ombligo, pero teniendo en cuenta que podías haberte encontrado con alguien de los dos puntos anteriores, bienvenido sea. Si bebe quintos, mejor que mejor: será un chaval majo que tendrá su casa limpia, y probablemente habrá algún compañero de piso en camiseta por ahí cuando vayas al baño a medianoche, pero nadie que te haga sentir incómoda. Y según Las Nenas hay veces en la vida en que no apetece arriesgar.

4- Cócteles de autor. Uy uy uy, dicen Las Nenas, que a estos, por desgracia, los conocen bastante bien. Uy uy uy, que estamos ante un cretino. ¿De verdad vas a fiarte de alguien que sostiene entre las manos una copa que lleva más ingredientes que un cocido maragato? ¿Lleva jersey de cuello alto negro? ¿Bufanda? ¿No será marrón o gris? Dios mío, pies para qué os quiero. Si de algo hay que huir como de la pólvora en el mundo del ligue contemporáneo es del postureo. ¿Quieres estar con alguien que solo habla de él mismo y que probablemente –y en esto Las Nenas son particularmente unánimes– presente un matojo de pelambrera allí abajo que no habrás visto sino en tus peores pesadillas? ¿Quieres, de verdad, enfrentarte a una sesión de sexo oral con la cabellera de Lenny Kravitz? ¿Quieres contarle al mundo que has despertado junto a alguien que se autocita? Amiga, si la respuesta es no, haz caso a Las Nenas… ¡y corre!

5- No bebe. Las Nenas, que van de modernas pero luego se descubren cargadas de prejuicios y se pasan el día poniendo a examen sus contradicciones, dicen que no hay que fiarse de un tipo que no bebe. Pero ojo, aquí no hay consenso. Afloran voces disidentes que argumentan que igual ya tenemos una edad para pensar que hay que desinhibirse bebiendo. Pero parece ser que no va de eso: ellas temen con toda su alma, incluso más que a un cuñado, toparse con un neovigoréxico que, superados los 35, hace bandera del tedioso binomio deporte-alimentación sana. El abstemio va a enseñarte su app cuentakilómetros con extraños gráficos de calorías mientras te cuenta los beneficios de unos nuevos batidos de proteínas, y va a tomarse cada embestida como parte de esa batalla personal que libra desde hace tiempo, perdida de antemano, contra el paso del tiempo.

Tras esta lección de filosofía existencial con Las Nenas, una abandona el grupo sintiéndose sabia y afortunada, no sin antes haber tomado nota a fuego de algo fundamental que nos solicitan encarecidamente que traslademos al artículo. Nunca, por nada del mundo, te vayas a la cama con un tipo que te mete chapas sin mostrar apenas interés en ti. Jamás. Llegó la hora de la revolución y, el primer paso, aseguran, es empezar ahora mismo con una política de tolerancia cero hacia el mansplaining. Cerremos las piernas a sus bucles autocomplacientes, dicen, y después, si eso, ya nos echamos unas risas fijándonos en sus copas.

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