Dime cómo es tu ropa interior y te diré quién eres

Porque no va a ser lo mismo alguien que gasta fardapollas negro que un tipo con un bóxer de angelitos. O un coulotte color carne que un tanga de leopardo. O alguien que usa liguero rojo y quien se decanta por la faja. Nuestra ropa interior habla mucho de nosotros, especialmente aquella con la que nos pillan en un descuido, es decir, esas noches tontas en las que no te esperabas tener sexo y patapam, de repente resulta que llevas un sujetador push-up de encaje negro y unas bragas de algodón rosa hasta la cintura con un estampado de Hello Kitty.

Pero, ¿qué dice exactamente de nosotros nuestra ropa interior? Pues todas estas cosas.

Tanga. El tanga indica siempre orgullo del propio culo. No hay ningún usuario ortodoxo de tangas, sea hombre o mujer, que no sienta una profunda fascinación, en muchos casos rozando el narcisismo, por sus posaderas. En el caso de los hombres que utilizan tanga, esta obsesión enfermiza con sus culos les lleva a depilárselos, un procedimiento tremendamente doloroso que indica que realmente el aspecto de dicha parte de su cuerpo es mucho más importante de lo que suele serlo para el común de los mortales, que no solemos prestarle excesiva atención más allá de agradecer, cuando nos caemos de espaldas, todos esos donuts a los que no hemos dicho no a lo largo de nuestras vidas.

Porque cuando alguien te diga que lleva tanga porque ES MUCHO MÁS CÓMODO, huye como de la pólvora, ya que lo grave no es que te mienta en la cara, sino que te tome por alguien con tan poco sentido común como para creer semejante patraña. El tanga es una prenda incómoda donde las haya, el tanga de hilito fue creado por un misántropo y, aunque a veces funcionan con determinadas vestimentas, un argumento a su favor nunca puede ser su comodidad. Es probable que alguien que utiliza tanga sea también bueno en la cama, pues es una persona que, sin duda, se siente cómoda en sus propias carnes, cosa que va a notarse entre sábanas. Tienes, pues, nuestro beneplácito, pero ojo: los culos depilados con cuchilla pinchan a muerte al cabo de unos días. No digas que no te avisamos.

Conjuntos de algodón. Braguitas y sujetador de algodón indican que te hallas ante una mujer de hoy, que prima la comodidad y el confort y que probablemente no tenga tiempo para ir lavando a mano encajes porque tal vez prefiera dedicar su tiempo a otras cosas, ya sea leer La broma infinita o jugar al Candy Crush. En líneas generales, el formato tipo de mujer profesional-de-su-tiempo-con-mil-cosas-en-la-cabeza suele tener varios sujetadores y braguitas blancos, varios negros, probablemente alguno color carne para cuando la ocasión lo requiera y algo de colores y estampado que usa esporádicamente.

Si caes en casa de una desconocida y resulta que va conjuntada, puedes respirar tranquilo: tendrá condones, incluso algún juguetito que sacará si te portas bien, habrá café y tostadas por la mañana, la cama estará hecha y las sábanas olerán a flores. Si no va conjuntada, puede, es cierto, que hayas pillado a una mujer del tipo anterior en un mal día, pero bragas verdes y sujetador gris suelen ser sinónimo de que tendrás que bajar a comprar preservativos, se habrá acabado la pasta de dientes, evidentemente no habrá papel higiénico, y habrá bombillas fundidas y muebles a medio montar esparcidos por el pasillo. A la mañana siguiente te va a tocar bajar a comprar cruasanes mientras ella duerme a pierna suelta y, en la cama, todo cuanto ocurra va a ser totalmente imprevisible. Es decir, que igual te enamoras. Cuidado.

Bóxer. Un tipo que utiliza bóxers suele tener una buena relación con sus genitales, que danzan tranquilamente al viento sin que el bamboleo parezca molestarle lo más mínimo. Es probable que esa buena relación se traduzca en un papel más que notable entre las sábanas, así que, chicas, decid sí en todos los casos a alguien que use bóxers. Además, son tremendamente sexys, ¿o no?

Slips. El hombre que utiliza slips bonitos suele ser el equivalente a la mujer de su tiempo que opta por el algodón y la comodidad. Un tipo previsible y formal que probablemente no resulte ser un psicópata y en cuya cama podrás retozar con la seguridad de que no tiene a una ancianita encerrada en el armario. Pero cuidado con los slips feos. Te estás metiendo en un jardín. Si además de feos (en colores como granate o verde militar) están raídos, o tienen incluso algún agujero, ya puedes salir por patas: se los compra su madre. Si no sólo son feos y están raídos sino que además son ligeramente anchos y deformes –y probablemente vayan a juego con una camiseta imperio– entonces sí que llegó el momento de poner pies en polvorosa: estás en la cama con alguien de la edad de tu abuelo.

Encajes. Feminidad, sensualidad, coquetería, atención al detalle… y una voluntad de invertir dinero en algo que teóricamente no se ve. Si además la cosa va acompañada de corsés, bodys, ligueros y demás parafernalia, ya puedes agarrarte que vienen curvas: estás ante un pedazo de mujer, y el término sexy se queda corto para definirla. Tal vez sea hora de que llames a tu madre y le digas que tuppers vale, pero que si eso a partir de ahora la ropa interior ya te la compras tú. Y al toro.

Click aquí para cancelar la respuesta.