Diferencias entre una cita tradicional y una de Tinder

Si alguien te dice que Tinder es como la vida y que basta ya de prejuicios carcas, puedes contestarle tranquilamente que no naciste ayer. Porque no, Tinder no tiene nada que ver con la vida, aquel lugar en que salías el sábado a ligar para volver a casa, en la mayoría de los casos, solo, borracho y abatido. Porque la vida es ese sitio incierto en que le pones ojitos al de Compras cuando te lo encuentras en la máquina de café, el lugar en el que te aprendes los horarios de la camarera del bar de abajo para ir casualmente a desayunar cuando está ella, donde investigas si el tipo al que te has cruzado ya en varios conciertos que se da un aire a James Franco tiene novia o es gay, las dos opciones malditas en el mundo del ligoteo contemporáneo.

O al menos eso opinan Las Nenas, ese grupo de Whatsapp que todas tenemos en nuestro móvil y que siempre tiene un buen número de participantes curtidas en las más variopintas citas Tinder. Y Las Nenas dicen no. Las Nenas se ríen en tu cara con arrebatadora condescendencia si les sueltas que Tinder es como la vida, al tiempo que sacan sus móviles del bolso y proceden a enseñarte las más variadas fotos de genitales masculinos, muchos de ellos de tipos a los que ni siquiera habían visto en persona jamás. Las Nenas también tienen audios y vídeos, pero llegados a este punto creen que probablemente ya estés convencido de que existen una serie de diferencias cruciales entre una cita Tinder y una cita tradicional –aquella que empezaba con un nervioso “si te apetece tomamos un café”–, empezando por la exposición temprana de la polla y siguiendo por estas seis:

Three girls chatting with their smartphones at the park.

1- En las citas Tinder predomina el formato entrevista, cosa que, evidentemente, es un coñazo monumental. Una cita Tinder no ha partido en ningún caso de la química, algo que suele ser garantía de éxito de cualquier cita pese a que el fracaso esté siempre ahí, al final del camino, dispuesto a arrasar con todo. La espontaneidad, por tanto, suele brillar por su ausencia en las citas Tinder, aseguran Las Nenas, que en su grandeza han establecido incluso un modelo de cita estándar.

En primer lugar, y siempre en formato entrevista, te explicas el trabajo, con cuidado de no irte mucho por las ramas ya que el tiempo se agota y hay que pasar a los siguientes temas. Se suele continuar con las aficiones, una parte realmente farragosa de la cita, especialmente si has quedado con un hipster y te hace preguntas del estilo “¿qué estás escuchando ahora?”, una cuestión que te produce un sopor inhumano y unas ganas locas de responder “lo último de Bisbal”, ponerte a bailar Ave María en la barra y dejarle ahí solo con su camiseta del MOMA mientras tú te largas a tomar gin-tonics con Las Nenas.

Si superas el test, habrás llegado con éxito a la fase 3 de la conversación: aquí ya llevaréis algunas copas y hablaréis de cosas personales, huyendo como de la peste de cualquier atisbo de naturalidad, probablemente con un impostado “¿y por qué lo dejaste con tu ex?” que te pillará por sorpresa cuando creías que aún estabais comentando la última peli de Tarantino.

2- En las citas Tinder se folla antes. El primer día, generalmente a las pocas horas de haber visto por primera vez a nuestro amante y tras haber hecho un resumen exprés de tu vida. Y sin embargo, en aquello que llamábamos vida y que ya apenas ni nos acordamos de qué iba, había veces en que dos personas que quedaban con intenciones sexuales o románticas –al fin, qué más da– no follaban el primer día, ni siquiera el segundo e incluso a veces tampoco el tercero, sino que se iban viendo con asiduidad mientras se creaba eso que llamábamos tensión sexual, una cosa bonita y pasada de moda, como los discman, que Tinder se ha dedicado a aniquilar con la precisión de una bomba nuclear. Se folla antes, pues, y suele follarse, dicen Las Nenas, bastante mal. Lo que nos lleva al siguiente punto.

3- Se folla una vez. O dos. Como máximo tres. Porque para qué repetir si en nuestro bolsillito tenemos un catálogo de carne fresca esperando para retozar en nuestras sábanas a golpe de botón. Tinder es el H&M de las relaciones, el Ikea, el usar y tirar, la antítesis de aquellos tiempos en que las cosas eran para siempre: desde el mueble del comedor a la chaqueta de piel hasta el maromo que te pillaste a los 18. Más allá de llorar porque cualquier tiempo pasado fue mejor –porque no lo fue–, cabe destacar que el hecho de que se folle apenas un par de veces con la misma persona provoca que en la actualidad se folle más que nunca pero también mucho peor. Porque qué más te da a ti si la otra persona se lo pasa bien, qué importa lo que necesita, para qué vas a indagar en los recovecos de su sexualidad si total tú sólo estabas de paso y te aguarda tu velero, a puntito para surcar los mares y atracar en otros puertos.

4- En Tinder el sexo es limpio. Este punto deriva directamente del anterior, y es que entre todos hemos conseguido que el sexo entre desconocidos se haya convertido en algo limpio, cotidiano planificado, y, por tanto, mucho menos emocionante que cuando era sucio e inesperado. Y decimos esto de nuevo sin el menor atisbo de nostalgia de un pasado donde reinaba, en muchos casos, la represión, pero sí con cierta melancolía. Dice Ben Harper en su último disco, refiriéndose al pasado,  “When the sex was dirty and the air was clean”: ahora el sexo ha dejado de ser sucio y, sin embargo, por algún motivo probablemente relacionado con ello, nos cuenta más que nunca respirar.

5- En Tinder te relacionas con más cretinos. Ojo, y no es porque en Tinder haya más cretinos que en la vida. Ni más locas, ni más desgraciados, ni más obsesivas ni más vanidosos, ni más egocéntricos ni plastas. Simplemente es que en la vida los ves venir y los evitas, en la medida de lo posible, mientras que en Tinder es muy probable que te la metan doblada, de manera que tienes muchas más posibilidades de dar con un indeseable con la tecnología de por medio. Y cuando te des cuenta tal vez ya sea demasiado tarde, tal vez ya te hayan roto un poquito el corazón aunque jamás lo admitirías ante nadie que no fuesen Las Nenas, y tal vez, pese a lo fácil que parece todo a golpe de botón, aquel aire que antes era limpio te resulte ahora, como a Ben, más irrespirable que nunca.

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