Diez juegos eróticos que deberías practicar con tu pareja

¿Quieres dar un poco de chispa a tu lecho? ¿Harto de misioneros y sexo mecánico? ¿Deseoso de ir más allá en materia de erotismo y fantasías? Prueba a poner en práctica con tu pareja (o con quien te dé la gana, ahí no nos metemos) uno de estos diez juegos eróticos.

1- Vendar los ojos. Empecemos por un nivel elemental para luego ir avanzando. Copas, música, una tarde por delante, complicidad… y una venda (a poder ser de seda: la estética importa) o un antifaz para tapar completamente los ojos de nuestra pareja. A partir de ahí, empieza el juego. Podemos ir rozándole las diferentes partes de su cuerpo con el nuestro, acercarle un pezón a la boca, jugar con la lengua, gemirle al oído… Lo que es seguro es que cualquier cosa que le hagamos en esas circunstancias le va a encantar, pues tendrá todos los sentidos –salvo la vista, claro– más que despiertos.

2- Strip-póker (o lo que sea). Como si quieres strip-parchís. Cualquier juego que implique poner a prueba nuestras capacidades e ir quitándonos prendas lentamente funciona: activa el deseo sexual y va despertando la libido lentamente para dar lugar a la eclosión final. Y sin tapujos: podéis jugar al Strip-Monopoly o Strip-Trivial, qué más dará.

3- Sexting y cibersexo. Curiosamente es una práctica que avergüenza mucho a algunas parejas ya consolidades, que llevan décadas practicando sexo pero no se atreven a mandar un vídeo subido de tono a su pareja diciendo que tienen ganas de sexo. Ni de inventar historias de Whatsapp, o fotos sugerentes, o sorprenderle en una reunión de trabajo con una foto furtiva de la ropa interior en el lavabo del trabajo. ¡Atreveos con el sexting! Es una manera de que el sexo esté presente en el día a día, de que penséis más en ello y, probablemente, el deseo sexual se active.

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4- ¿Y si os grabáis? Siguiendo con el audiovisual, una gran idea es que os grabéis mientras practicáis sexo, el equivalente contemporáneo del clásico juego de los espejos que probablemente todo el mundo ha practicado alguna vez en su vida. Os vais a excitar una barbaridad no solo mientras grabáis, sino también cuando volváis a verlo: no olvidemos que el deseo sexual tiene un componenete visual enorme, y hay que saber sacarle todo el jugo.

5- ¡Átame! Pues eso, puedes atarle las manos entre ellas, o atárselas al cabecero de la cama. Puedes atarle manos y piernas, o solo las piernas. La cuestión es que una parte de tu pareja esté inmovilizada y que puedas jugar a tu antojo con sus deseos, sus impulsos, sus ganas de tocar y su imposibilidad de hacerlo. Un juego súper placentero tanto para el que domina como para quien se deja hacer.

6- Disfraces. Sí, disfraces. De cualquier cosa. Sorprende a tu pareja con un disfraz de lo que sea y, sobre todo, tómalo muy en serio: ya sea de fontanero, de enfermera o de Carmen de Mairena, cualquier código en la cama que en otro contexto nos podría parecer ridículo va a ser ultraexcitante siempre que los dos miembros de la pareja entren en el juego. Moléstate en averiguar cuáles son las fantasías de tu pareja y sorpréndele con un disfraz a la altura.

7- Juguetes sexuales. Estimuladores de clítoris, vibradores, cremas, lubricantes, preservativos de sabores, esposas y, al fin, cualquier cosa que podamos adquirir en una tienda de objetos sexuales nos va a servir para poner un poco de sal a nuestras sábanas. Muchas mujeres utilizan sus vibradores en solitario: ¿por qué no compartirlos con su pareja? No solo será un paso más hacia la intimidad de la pareja, sino que se va a volver loco al poder usarlo.

8- Striptease. Muchas veces no nos atrevemos a hacerlo por miedo al ridículo, con aquella Kim Basinger de ‘9 semanas y media’ en mente. Y es comprensible, porque el sentido del ridículo, por más que sea nuestra pareja, no debemos perderlo nunca. Solo hay una opción: practica. Busca unos vídeos, inspírate en los grandes del desnudo, elige la ropa y el atrezzo adecuado y echa una tarde en solitario practicando un baile sensual. Seguro que le harás la mar de feliz.

9- Hielo, nata, chocolate, fresas… La comida es una gran amiga del sexo, pero hay que utilizarla con cuidado. No es lo mismo rociar un chocolate fundido sobre el ombligo de tu pareja y lamerlo con sensualidad que colocarle un cocido en los genitales.

10- ¿Hacerlo en público? Los más atrevidos tal vez deseen practicar una sesión de sexo en público, o simplemente ir a mirar, o tomar una copa en un local liberal mientras deciden si quieren ir un paso más allá. Los ambientes liberales suelen ser respetuosos y abiertos, cada persona llega hasta donde desea y reina la más absoluta consideración. ¿Te apetecen unos toqueteos en público y nada más? ¿O simplemente tomar una copa en un ambiente sensual y erótico? Atrévete y no lo olvides: en el terreno sexual no hay nada prohibido siempre y cuando sea consensuado.

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