Diez comidas que nos recuerdan poderosamente a un pene

Comida y sexo. Sexo y comida. Van de la mano, y, no, no hablamos de esos momentos en los que nos venimos arriba para tomar unas fresas con nata en la cama con nuestra pareja, sino de que, muchas veces, nuestro cerebro va a su bola y relaciona ambos placeres. Y si no, fijémonos en estos alimentos cuya forma no podemos dejar de relacionar con el miembro masculino.

esparragos

Espárragos blancos. Si no fuera porque el color blancuzco, podríamos decir que los espárragos blancos serían primos hermanos de los penes. Es muy fácil asimilar la yema al glande y se dice que tienen propiedades afrodisiacas, aunque parece que esto tiene que ver más con su forma que con la realidad. Su conexión con nuestra bragueta va más allá y se manifiesta en el olorcillo peculiar de nuestra orina después de comerlos…

percebes

Percebes. Esta delicatesen marina tiene tantos detractores como defensores. Entre los que jamás se comerían uno, muchos argumentan que son como “pequeños penes” (si fueran gigantes, ¿si que se los tomarían?). Como marisco que es, también se le atribuye la capacidad de ponernos a tono. Por cierto, a modo de curiosidad, hay que decir que el percebe es todo un superdotado sexual: su pene es más grande que el resto de su cuerpo.

platano

Plátano. Topicazo explotado por la publicidad, las comedias y cualquier representación erótico/festiva audiovisual. Es ver a una bella joven (o a un bello joven) comer un plátano despacito y ¡bing! nuestro cerebro se activa. Claro, no ocurre lo mismo cuando ves a tu jefe, con la camisa transparente por el sudor, comerse una banana haciendo ruido al masticar. Esto nos hace reflexionar sobre si hay alimentos eróticos por si mismos o solo en relación con buenorros/as…

polo

Polo helado. Otro clásico de las fantasías eróticas. Si encima se lo come alguien en la playa, con poca ropa, pues, claro, nuestra imaginación vuela y vuela… En esta nómina de delicias veraniegas eróticas, el Calippo, ya un mito más que un helado, se lleva la palma.

pepinook

Pepino. ¿Cuántas leyendas urbanas habéis escuchado sobre la introducción de pepinos en diferentes cavidades corporales? Yo más de las que recuerdo y, aunque es verdad que una vez pelado y partido, el efecto se disipa, un pepino verde ya se ha instalado en mi mente como el consolador natural más habitual.

fresita

Fresón. Clásico alimento asociado al folleteo y al juego erótico. Ya lo decíamos en el arranque del artículo: con nata son sinónimo de hola-vamos-a-jugar-al-teto. Suponemos que la similitud del fresón con el glande masculino es lo que tiene: que hace que no podamos ver esta fruta con otros ojos que no sean lo del vicio.

salchicha

Salchicha. Aquí, hay categorías. Está la Frankfurt de supermercado que, meh, ni fu ni fa. Luego la cosa ya aumenta de calibre con las bratwurst y demás. Al pasar por Alemania ya te puedes quedar loco con los tamaños y dimensiones que se pueden llegar a alcanzar.

Stock photos of a live geoduck harvested in Washington State photographed in studio on Fri., Aug. 1, 2014. Hand model is Emily Dunn-Wilder of the Evergreen Shellfish Club. **NOTE** please credit: geoduck courtesy of Taylor Shellfish Farms

Geoduck. Esta delicatesen china se conoce también con el sobrenombre de la almeja fálica. Proveniente de Estados Unidos o de Canadá, su particular forma parece que hace furor entre los adinerados foodies del país asiático que son capaces de pagar más de 300 dólares por metérsela en la boca. Cuestión de tamaño, suponemos.

pezpeneok

Pez pene. Se trata de una simpática lombriz marina, flexible y de color rosadito, a la que los habitantes de Corea, China (¡otra vez!) y Japón suelen llamar pez pene. La verdad es que el parecido es llamativo y los que lo han probado hablan de una consistencia viscosa que recuerda a la de las almejas, que también guardan relación con el órgano sexual, en este caso femenino. La cuadratura del círculo.

penetorooo

Pene de toro. No, no estamos hablando del rabo (cola) de toro, ese manjar tan castizo sino de lo que viene siendo el miembro del animal. Es decir, no es un alimento con forma fálica sino que aquí ya estamos hablando de un falo propiamente dicho. Aquí no se come, la verdad, pero es cruzar de nuevo a ¡oh, China, qué sorpresa! para descubrir que allí es un manjar que se toma por kilos.

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