¿De verdad las bolas chinas mejoran tu vida sexual?

En pleno siglo XXI, con la revolución sexual presuntamente superada y una generación de mujeres reivindicando su cuerpo, su promiscuidad y su placer, muchas aún no saben qué son y para qué sirven unas bolas chinas. Y por qué todas deberíamos tener unas en el cajón. No se trata de placer, sino de salud. De salud íntima y sexual, de cuidar como merece un músculo, el suelo pélvico, que a menudo tenemos abandonado hasta que nos pilla el toro y comienzan los problemas de incontinencia, de molestias incluso para sujetar un tampón, de disminución drástica del placer sexual y, en el peor de los casos, de prolapso vaginal.

La sexóloga y embajadora de la firma de juguetería íntima de lujo Lelo (y colaboradora habitual de El Sextante), Valérie Tasso, anima a todas las mujeres a hacerse con unas. Y ejerce de divulgadora para dejar atrás numerosos falsos mitos sobre este objeto que se usa en otros continentes, como Asia, desde tiempos inmemoriales. Estos son algunas de las mentiras que has estado creyendo durante mucho tiempo sobre las bolas chinas que ya es hora de dejar atrás. Por el bien de tu salud.

Las bolas chinas dan placer
No es cierto. No están pensadas para eso. “No son un juguete erótico que da placer al andar, sino que sirven para tonificar el suelo pélvico”, afirma Tasso. Pero empecemos por el principio: ¿qué demonios es el suelo pélvico? “Curiosamente muchas mujeres y hombres no tienen ni idea de qué es y cuál es la función del suelo pélvico, que no es más que un músculo que no se ve, que va desde la pelvis hasta el sacro y sujeta los genitales internos tanto de hombres como de mujeres”, afirma Tasso. Si no lo cuidamos y tonificamos, ese músculo, como cualquier otro, perderá firmeza y consistencia y los genitales irán cayendo poco a poco. El último estadio de este debilitamiento progresivo puede ser un prolapso vaginal o anal: el descenso de uno o más órganos de la cavidad pélvica hacia el exterior. Algo terrible y absolutamente evitable.

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Hay que utilizarlas después de un embarazo
Sí y no. Es cierto que tras un parto vaginal, que provoca una distensión del suelo pélvico, es importante ejercitar este músculo, pero también lo es “que pierde firmeza a causa de la gravedad –lo mismo que ocurre con los pechos– también en las mujeres que no han dado a luz”, explica Tasso. Así pues, hay que incorporar este objeto a nuestras vidas desde bien jóvenes, del mismo modo que vamos al gimnasio para mantener en buen estado de forma la musculatura del resto del cuerpo.

El suelo pélvico no se recupera
Falsísimo. Curiosamente es un mito que muchas mujeres creemos, ya que no es cierto que los problemas de incontinencia no tengan solución. De hecho, “es un músculo muy agradecido, y con una rutina de solo tres meses la gran mayoría de mujeres tiene suficiente para recuperar por completo su suelo pélvico”, asegura Tasso, que se declara fan de las bolas chinas de Lelo, elaboradas con silicona médica y con un sistema de peso para poder regularlas ºen función de nuestras necesidades y avances.

Hay que llevarlas puestas durante horas
No es cierto, o al menos no desde el principio. Tasso nos recomienda una rutina progresiva si somos nuevas usuarias. “La idea es iniciar una rutina de tres meses hasta que nuestro suelo pélvico alcance el estado de forma deseado: empezar usándolas por casa durante unos 15 o 20 minutos”, explica Tasso. Es interesante escoger unas bolas como las de Lelo, cuyo peso puede regularse, e ir aumentándolo a medida que el suelo pélvico mejora. “Para aguantar las bolas, la mujer tendrá que hacer fuerza de modo constante para que no se caigan, de manera que estará fortaleciendo el músculo. Una vez superada la prueba, podemos utilizarlas durante más rato y, pasadas unas semanas, en función de cada mujer, salir a la calle con ellas: primero a comprar el pan y después llevarlas durante una cena”, explica la sexóloga.

Una vez recuperado el suelo pélvico, debo dejar de usarlas
Jamás de los jamases. Una vez realizado el intensivo de tres meses (este periodo variará en función de cada mujer, de su constancia y de su genética), conviene mantener una rutina, usándolas “una o dos veces por semana, ya que el suelo pélvico, como todo músculo, se atrofia”. También hay quien prefiere utilizarlas a diario, durante cinco o diez minutos, como rutina de mantenimiento.

No sirven para mejorar nuestra sexualidad
Falso. Al recuperar el suelo pélvico, la sexualidad mejora automáticamente, no solo para nosotras sino también para el hombre, en el caso de relaciones sexuales con coito. “Vamos a llegar al orgasmo con más facilidad y éste van a ser mucho más intenso. Además, las mujeres con un suelo pélvico en buen estado pueden conseguir también que el hombre llegue al orgasmo simplemente mediante contracciones, sin necesidad de embestidas”, afirma Tasso. De hecho, las asiáticas las utilizan desde bien jóvenes ya que “forman parte de su cultura”, algo que en parte tenemos que lamentar porque se enmarca “en un modelo patriarcal exagerado”, pero demuestra que un suelo pélvico en condiciones es la mejor fuente de placer para ambos sexos.

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