¿Darías vía libre a tu pareja para tener sexo con otros/as?

“Hola, cariño, vengo de follar con un joven de 25 años, atractivo e inteligente, y tengo que decirte que ha sido muy estimulante. Por cierto, ¿has llamado al fontanero para que mire el plato de la ducha?”. “Hola, mi amor. Sí, vendrá mañana a las 10 y le he dicho que, de paso, mire el grifo de la cocina. Me alegro de que te lo hayas pasado bien, luego me cuentas en la cena”.

Si la anterior conversación entre dos miembros de una pareja os ha dejado picuetos, es que aún no conocéis el sex pass. Este nuevo palabro salió del armario hace unos días cuando Saira Khan, una celebrity de la tele británica, explicó ante las cámaras que a sus 46 años había dado vía libre a su marido para que buscara sexo fuera del matrimonio que, ojo, seguía siendo feliz. Simplemente Khan explicó que ya no estaba por la labor, que estaba cansada, que tenía dos hijos y que, oh, tenía quebraderos de cabeza más importantes. Y en esas llevan los últimos 11 años.

Booom. A nosotros nos pilla lejos, pero en Reino Unido la revelación televisiva ha sido un auténtico terremoto y ha llevado a muchos a plantearse si no estaremos ante nuevas formas de relación que ya no tienen la exclusividad sexual en un altar y lo de la fidelidad estará demodé. Muchas han manifestado que, al fin y al cabo, un revolcón no es tan importante si luego sigues viniendo a dormir a casa y otros, por el contrario, se han llevado las manos a la cabeza y han dicho que a dónde vamos a llegar…

Worried woman talking with boyfriend

Lo que subyace en esta polémica declaración es que, llegado el punto en una relación de larga duración, puede haber desajustes sexuales entre ambos miembros de la pareja. ¿Es entonces lícito que el que aún quiere sexo lo tenga con otras personas? ¿Y es posible pactar esto entre las dos partes? Hemos acudido a tres parejas que llevan mucho tiempo juntas y esto es lo que nos ha contado (los nombres se han alterado por motivos de privacidad).

Belén, 33, y Javier, 34

Se conocieron en el instituto, estudiaron juntos informática en la Universidad y han acabado trabajando juntos por curiosidades de la vida. “Había un hueco en su empresa y pasó mi currículum”, explica Belén. ¿Y esto del sex pass, qué os parece? “A ver, nosotros seguimos teniendo relaciones sexuales con cierta frecuencia aunque, sí, llevamos más de 15 años juntos y hay veces que no puedes evitar fijarte en otras personas”, cuenta Javier. “Yo sé que le he descuidado cuando he tenido guardias, proyectos muy gordos que me exigían tiempo… en fin, épocas en las que no levantaba la vista de la pantalla. Llegado el momento, y ante una fase muy prolongada en este plan de inapetencia, quizá le daría vía libre. Al fin y al cabo, es solo sexo. Porque es solo sexo, ¿no?”, pregunta Belén.

Antonio, 45, y María, 46 (dos hijos en común)

Él es publicista y ella trabaja en el mundo de la televisión. Antonio reconoce que, hace dos años, sufrió un bajón en la libido del que no se ha recuperado. “María es muy atractiva y sabía que, en el ambiente en el que se mueve, no le faltarían las ofertas. Por eso, en un momento dado, pensé que no me importaría si pasara. No se lo llegué a decir, pero creo que ella lo intuyó”, explica Antonio. “Todo ocurrió de golpe: comenzó una sequía de muchos meses sin sexo y yo estaba que me subía por las paredes. Entendía a Antonio; estaba desbordado por los hijos y por el trabajo. Ahora, ya me he acostumbrado, pero, sinceramente, creo que si pasara algo, habría que relativizarlo… y, ojo, ¡¡que no descarto que ocurra!!”, asegura María, medio en broma, medio en serio. “Tienes el pase, María”, le suelta Antonio, dedicándole una mirada que desarma.

Ana, 40, y Miguel, 40

Esta pareja tiene una concepción abierta de su relación y los dos, por su trabajo, pasan mucho tiempo fuera de casa. “Yo sé que Ana ha tenido rolletes, pero he aprendido a que, estando un mes en la otra punta del mundo, eso acaba ocurriendo, así que mejor no darle tanta importancia  los cuernos”, dice con una media sonrisa Miguel.

“¿Tú tampoco eres un santo, eh?”, responde Ana, que continúa: “Después de dos meses viviendo en una habitación de hotel, entendí que me comenzaba a dar igual que mi chico se masturbara viendo vídeos en Internet o que se enrollara con alguien. Cada vez que vuelve a casa, le pregunto si me sigue queriendo. Por si acaso…”. “Lo que no sé es lo que haremos si, de repente, comenzamos a dejar de viajar”, reflexiona Miguel. “Tendremos que alquilar otro piso”, propone Ana, que guiña un ojo con descaro.

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