Dar besos después del sexo oral, ¿una guarrada?

Se dice que el orden de los factores no altera el producto, lo que en materia sexual puede interpretarse de muchas maneras. Por ejemplo, como que en realidad no siempre es necesario que los mal llamados preliminares, vayan primero, sino que pueden ser el plato principal,  ir después de la penetración, o incluso de medio de dos coitos. En la variedad está el gusto.

Sin embargo, conmutar el orden de las prácticas sexuales sí que puede alterar los resultados, aunque sea a nivel sensitivo. Algo que pasa cuando tenemos sexo oral, y después nos damos un beso. Lógicamente ese beso tendrá un sabor peculiar, seguramente a nuestros propios genitales o a los de la pareja, pero, ¿hay algún problema con eso?

Como apunta María Torre, experta en sexualidad en Ars Eróticas  , “realizar sexo oral y luego besarse sigue siendo una práctica de la que no se habla mucho y que a la mayoría de las personas les da reparo hacer”, básicamente porque hay quién piensa que “eso es una guarrada”. Lo cierto es que “todo depende de la persona”, porque darse un beso con el sabor de los genitales del otro también “puede ser algo erótico”.
Respecto a quiénes son los más reacios a ese tipo de besos, Torre cree que no hay distinción de sexos, sino que lo más curioso es que “lo habitual es que  la persona que se niega a dar un beso, sea precisamente la que ha recibido sexo, oral”, por lo que la fobia es respecto a su propio sabor genital.

Kissing couple
Cabría pensar entonces que se acepta más el sabor de los genitales de la pareja, que de hecho devoramos a placer, que el sabor de los nuestros propios. Es decir, que al final  no se trata de una cuestión de higiene, sino de miedo a nuestro propio cuerpo.

De hecho, si hacemos una búsqueda por Internet, podemos encontrar cartas abiertas  a los hombres que no besan por miedo al sabor de su propio semen. En las mismas se recuerda que después de haber recibido una buena sesión de sexo oral, y de placer un poco egoísta, no corresponder con un beso, es cuando menos poco educado.

Aunque parece que ellas también son reacias al sabor de su flujo vaginal, algo que en realidad podría tener beneficios a nivel de salud sexual. “Cuando nos masturbamos a solas o nos exploramos, también hay que comprobar cómo es ese fluido, porque dependiendo de su estado y olor podemos saber muchas cosas, como por ejemplo si tenemos una infección. Del mismo modo que lo vigilamos para controlar todo esto, podemos hacerlo para reconocernos a nosotras mismas”, apunta Torre.

En este sentido, si realmente resulta un apuro, la experta apunta que “tampoco hace falta besarnos con todas las caras manchadas, ni limpiarnos hasta la extenuación, podemos simplemente limpiarnos por encima con un pañuelo y besarnos”. Sin embargo, como alternativa propone replantear la situación, ya que “atrevernos a comprobar cuál es el sabor de los genitales es un experiencia que nos acerca más a nuestras sexualidades individuales y al hacerlo en conjunto con alguien, se convierte en un momento tremendamente erótico y excitante”.

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