Da la talla: las mejores posturas según el tamaño del pene

Habrás escuchado hablar sobre las mejores posturas para alcanzar antes el orgasmo, para disfrutar del clímax a la vez e incluso, cuáles debes practicar si quieres retrasar un poco la llegada al éxtasis final. Pero a menudo te ocurre que cuando las intentas poner en práctica algo sale mal. La realidad es que no todos los penes tienen la misma largura ni grosor por lo que es muy complicado que cumplan igual de bien en todas las posiciones. Toma nota, observa qué ofrece tu entrepierna y adáptate a las circunstancias -nunca mejor dicho- según el tamaño y la forma de tu miembro viril.

Tamaño medio: seguro que más de uno no entiende por qué estando dentro de la media –se ha establecido en 13,24 centímetros erecto y 9,16 centímetros en reposo– durante las relaciones sexuales está más bien fuera de la vagina. Bien, hay que procurar no abusar de las posturas en las que el miembro viril tenga que salirse demasiado ya que puede acabar fuera y tener que empezar desde cero (una y otra, y otra vez). El clásico misionero o la cruz –el hombre tumbado de lado y la mujer recostada boca arriba en perpendicular cubriendo con sus piernas la pelvis de él– dejarán margen de sobra para disfrutar del placer durante más tiempo y sin interrupciones.

Penes XXL: en realidad casi cualquier posición está al alcance de los superdotados, pero tienen que aprender a controlar el grado de penetración y la velocidad. Lo ideal es que maneje ella la intensidad y ritmo para evitar molestias, dolores innecesarios e incluso desgarros vaginales. La cowgirl o vaquera o el misionero invertido serán buenas opciones, y si es él quien se coloca encima, intentar que las piernas de ambos no estén demasiado abiertas para evitar que la penetración sea poco profunda.

Para los penes pequeños: si con un tamaño normal el pene puede salirse durante el coito, estando por debajo de la media es casi seguro que esto va a ocurrir, especialmente si no acertamos con la postura. Menos de 13 centímetros no dejan margen como para hacer malabarismos, pero sí que podéis probar distintos ángulos procurando que las piernas de ella estén lo suficientemente abiertas como para que el pubis de él no se aleje demasiado y pueda moverse. Las penetraciones de espaldas, como el perrito, son las mejores ya que permiten una penetración profunda y acotan el espacio para que el pene se mantenga colocado. Si además ella puede tumbarse en la cama bocabajo abriendo un poco las piernas, mejor que mejor.

Cuestión de grosor: se suele decir que es más importante que un pene sea grueso que largo ya que ofrece mayor placer en las paredes vaginales. Pero los excesos pueden resultar un verdadero suplicio para vaginas de tamaño medio, porque sí, también hay tallas en el universo de los genitales femeninos. Para que todo vaya como la seda es importante que ella esté lo suficientemente lubricada –¡imprescindibles los preliminares!– y con las piernas bien separadas. La postura ideal requiere que haya cierto espacio entre uno y otro para que se sienta menos el grosor durante la penetración. Ya sea de pie o tumbados, la idea es que la pelvis de ella esté un poco por encima y eleve una de sus piernas para rodear la cintura de él dejando un margen entre ambos. La conocida como la flor de loto, él sentado con las piernas cruzadas y ella encima rodeándole, o la cucharita, con la que se consigue una penetración poco profunda, son dos buenas opciones para disimular el exceso de centímetros en el grosor.

Para los penes finos: la finura en el grosor puede hacer que el pene pase casi desapercibido si, por ejemplo, ella está demasiado lubricada. Para que no ocurra esto, es mejor optar por posiciones en las que la vagina se cierre al máximo apretando un poco el miembro viril. Ya estemos practicando el misionero, la cucharita o el perrito, las piernas de ella deben estar lo más cerradas posibles y las de él algo más abiertas cubriendo el cuerpo de su acompañante. Gracias a la opresión el pene se sentirá algo más grueso. Si además ella ha realizado correctamente sus ejercicios Kegel, es el momento de poner a trabajar a su vagina para que se contraiga aportando un placer sin igual para ambos.

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