Cuatro zonas erógenas mucho más placenteras que el clítoris (y que sueles pasar por alto)

Parece que de una vez por todas empieza a asumirse: la mayor parte de las mujeres no son capaces de alcanzar el clímax a través de la penetración y la estimulación del recóndito punto G. La llave del placer y de los intensos orgasmos se encuentra en el clítoris. Claro que, una vez señalizado este… ¿Basta con pulsar el botón mágico para tener un sexo increíble? Para nada, de hecho, las relaciones sexuales pueden volverse terriblemente repetitivas si solo nos centramos en este ramificado órgano sexual femenino.

Desde luego, ser clitoridiana es fantástico, pero probar la estimulación de estas otras zonas erógenas conduce a un éxtasis desconocido por muchas que las hará sentir verdaderos escalofríos de placer.

El cérvix

Aunque su nombre te pueda llevar a confusión, no estamos hablando de los cariñosos y agradables besitos y caricias en el cuello. El cérvix femenino se encuentra justo al final del cuello uterino, zona en la que se unen la vagina y el útero. Tiene un diámetro de 2,5 centímetros y mide aproximadamente 3 centímetros de largo. De ahí que, cuando su estimulación deriva en que la mujer alcance el clímax, se hable también de que ha disfrutado de un orgasmo profundo.

Un área bastante sensible, cuya ubicación requiere de una penetración profunda, lo que se traduce en que algunas mujeres puedan sentir cierto dolor o malestar al ejercer demasiada presión para alcanzar la zona con el pene. Según señaló un equipo de investigadores turcos el pasado año, un 7,5% de las mujeres son capaces de alcanzar el orgasmo de cérvix, siendo considerado uno de los más intensos por encima del clitoridiano o el vaginal. ¿Preparados para aumentar ese porcentaje?

Los pezones: algo más que escalofríos

voluptuous girl

Hombres y mujeres adoran esta parte del cuerpo femenino tan sexy como excitante. Pero lo que muchos desconocen es que, bien acariciada y estimulada, puede resultar realmente placentera para ellas, hasta el punto de alcanzar el orgasmo. Así lo aseguró un estudio publicado en la revista Science of Relationships según el cual, al estimular los pezones se activa una región cerebral conocida como la corteza sensorial genital, precisamente la misma que se enciende al estimular el clítoris, la vagina o el mencionado cérvix. Como explicaron los investigadores, “los cerebros de las mujeres procesan la estimulación del pezón y la genital de la misma manera”, lo que puede conducir a un placer sin igual si sabemos dónde y cómo tocar, acariciar, lamer o mordisquear.

Orgasmo de boca (que no oral)

Parece que tanto hablar del clítoris nos ha hecho olvidar que el más importante de los órganos sexuales –tanto femenino como masculino– es el cerebro, encargado de enviar la señal de que algo nos está produciendo verdadero placer. El conocido como orgasmo labial no tiene nada que ver con el cunnilingus. Igual que ocurre con los pezones, los labios están llenos de terminaciones nerviosas que conforman la región mucocutánea. De estimular adecuadamente la boca femenina –ojo, porque no es nada sencillo y requiere de mucha concentración y una buena dosis de entrenamiento–, su cerebro puede interpretar sensaciones similares a las que se producen al excitar la parte externa de la vulva, los pezones o, una vez más, el clítoris.

Más allá del pilates: la importancia del suelo pélvico

Según una investigación realizada en Brasil en 2014, las mujeres son capaces de alcanzar el clímax a través de la activación de sus músculos pélvicos. El conocido como suelo pélvico rodea la vagina, y es precisamente el que se contrae cuando una mujer tiene un orgasmo. No se puede acceder directamente a él, pero sí fortalecerlo para disfrutar de una mayor cantidad de orgasmos. Practicando los ejercicios de Kegel o mediante el entrenamiento con unas bolas chinas, se puede endurecer la zona hasta el punto de que las mujeres sean capaces de dirigir sus orgasmos y alargar tanto como quieran su intensidad y duración.

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