Cuatro posturas tradicionales que podéis modificar para que ella alcance antes el orgasmo

¿Cuál es tu postura sexual favorita? Normalmente, cuando alguien te hace esta pregunta espera que le respondas alguna de las opciones que todos conocemos: el misionero, el perrito, la vaquera… Pero, ¿y si las perfeccionamos todas para que el orgasmo femenino esté garantizado?

Las posturas más tradicionales tienen a su favor que son cómodas, aptas para casi cualquier condición física e incluso intuitivas: uno encima y otro debajo, uno delante y otro detrás, y muy poco más. Pero su universalidad no las convierte necesariamente en las más placenteras.

Aquí van cuatro consejos para aproximar la penetración al punto G de la mujer. Todos ellos parten de las posiciones a las que estamos más acostumbrados:

1. La vaquera…baila el limbo:

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En acción, esta postura es mucho más sencilla de lo que parece. De hecho, cualquier mujer que conozca un poco su cuerpo lo habrá puesto en práctica de manera intuitiva, en busca de un placer más directo.

Partimos de la famosa posición en la que él se tumba y ella se sienta encima, cara a cara. Tradicionalmente, los cuerpos dibujan una ele. Se trata de convertir ese ángulo de 90 grados en uno de 135 (no hace falta que cojáis un transportador: a ojímetro). Para facilitar la inclinación hacia atrás, la mujer puede agarrarse a las piernas estiradas del hombre.

2. El misionero…patas arriba:

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Se trata de buscar una penetración más profunda y directa. Desde la posición tradicional – chica tumbada boca arriba, chico encima de ella boca abajo- , ella eleva sus piernas por encima de los hombros de éste. Una evolución del misionero que impide la aproximación de los torsos, pero que quien prueba repite. No sólo facilita a la mujer la aproximación al clímax, sino que suele formar parte del Top 5 de posturas preferidas por los hombres.

3. La cucharita…inclinada:

Una de las posiciones más comunes para dormir puede convertirse en la postura sexual más apetecible: en primer lugar, por la proximidad de los cuerpos y la sensación de calor; en segundo, por la posibilidad de ejecutar una penetración profunda, intensa, y dirigida al punto clave. La mujer se acuesta de lado, y él hace lo mismo justo a su espalda, aproximándose hasta que su pecho queda en contacto. Para facilitar el orgasmo femenino, lo ideal es que ella se incline levemente y él no sé mantenga exactamente a la misma altura, sino un poco más abajo. El movimiento, por lo tanto, no es completamente horizontal, sino más bien diagonal.

4. El perrito…tumbado:

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Igual que en la famosa postura, la mujer se sitúa boca abajo. Esta vez, en vez de apoyarse sobre las manos o sobre los codos, apoya directamente su pecho sobre la cama. La mayor o menor flexibilidad de la mujer va a determinar cuántas de las variantes del perrito sea capaz de ejecutar. Una de las más sencillas le permite situarse boca abajo, con las piernas prácticamente estiradas y la cadera inclinada hacia él (hacia arriba). Para evitar agujetas en la zona baja de la espalda y garantizar la concentración, la opción más sencilla es atravesar una almohada justo debajo, a la altura de la cintura. Permitirá la elevación del glúteo sin esfuerzo para garantizar la penetración, impedir una tensión indeseada y centrarse en las sensaciones.

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