Cuatro frases que no debes decir en tu próxima discusión de pareja

Las palabras duelen, a veces tanto como si fuesen golpes físicos y, en plena discusión, cuando estamos acalorados, no solemos medir lo que decimos ni aplicar lo de “mejor respiro y dejamos esta charla para cuando estemos más tranquilos”. No, seas más o menos impulsiva/o, seguro que más de una vez has dicho cosas que no debías a quien más quieres. Las discusiones de pareja son de lo más normal (todo en su justa medida, claro está), y hay determinados vocablos y frases que se repiten y que debiéramos tratar de evitar.

Aquí van cuatro frases que debieras evitar en tu próxima discusión, para que no resulte tan dañina. Son las siguientes, a buen seguro que te sonarán:

Te lo dije: dañina, sumamente dañina y que además lleva asociada una especie de monserga “a lo madre”, incluso, notas de superioridad (ya lo sabía yo, que soy más lista/o). Ahórrate el “te lo dije”, aunque cueste mucho y aunque demuestre que llevabas razón. Porque no lleva a nada positivo. Además, te hace creer que no te equivocas jamás y ya sabes, errar es humano. Mejor, el silencio.

Woman talking with alphabet letters coming out of mouth

Tú verás, haz lo que quieras: frase femenina por excelencia, no nos digas que no. Temida por los hombres, suele generar confusión en quien la oye porque se suele decir después de recriminar una actitud o un comportamiento: primero echas la bronca por algo y después añades “tú verás”. Así, en plan amenazante, tipo “te avanzo que habrá represalias”. ¿Por qué no pruebas mejor a comunicar qué es lo que te no te gusta del otro, pero de otra manera, no en plan amenaza? Ya verás que saldréis ganando todos.

Tú nunca (o tú siempre, según casos). Es totalmente limitadora, el que la oye se siente en una encerrona, con su libertad limitada. Significa imposibilidad y es rotunda. Como hemos dicho en el punto anterior, se trata de replantear tus mensajes sin sonar prohibitiva, posesiva o controladora. Si sientes que te dedica poco tiempo suena mejor un “podíamos hacer más cosas juntos o qué te parece si tal día nos dedicamos a” que un “tú nunca quieres hacer esto o aquello conmigo”. Por ejemplo.

Exageras. El otro te está contando su malestar, que no se encuentra bien por tal o cual situación y vas tú y respondes “exageras”. Restas credibilidad a su mensaje y además, piensas que tienes la verdad absoluta. Lo que para ti es una exageración para el otro puede ser muy real y cierto. Aprende a escuchar y a dar su justo peso a lo que te está comunicando.

En definitiva, cuando se inicia una discusión (y no, discutir no es un deporte), hay que tratar de evitar quedar como “el más listo” o el “que más sabe”. Aprende a escuchar al otro, sé más empático/a y trata de llegar a acuerdos, sin restar valía a lo que te están diciendo. Verás que así, vuestra comunicación y la relación en sí misma, mejoran.

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