Cuatro cosas que haces antes de tener sexo (de las que él ni se percata)

Lo sabemos: las comedias románticas de Hollywood y las películas de Disney, con sus princesitas sacrificadas, han tenido una influencia negativa en nuestro concepto del amor, y así, seguimos esperando un Bradley Cooper en la cola del supermercado que llenará un invernadero de velas para nuestra primera cita. ¡Ja, ilusas! Pero también hay que reconocer que algo hemos ido evolucionando las mujeres desde ese concepto edulcorado e irreal del amor. Quiero decir: ya no esperamos flores en una cita, ni una caja de bombones. Ni siquiera esperamos que nos inviten a una copa, hemos asumido la igualdad de sexos (salvo que seguimos cobrando menos, según publican muchos organismos internacionales). Por no esperar, a veces ni esperamos tener noticias vuestras después de un polvo, máxime si os hemos conocido en Tinder o aplicaciones similares.

Pero, ay, seguimos siendo unas detallistas y yo me atrevería a decir que casi románticas, aunque sea muy muy en el fondo de nuestro ser, y por eso, ante una cita sexual, hay una serie de rituales que llevamos a cabo con todo mimo. De los que vosotros, más interesados por la carne en si misma que por lo que gira alrededor de ella, ni os percatáis la mayoría de las veces. Son los siguientes:

Depilarnos: No, no nos referimos a que pasemos de un estado Yeti a uno imberbe, del cual incluso vosotros, seres que no soléis encontrar ni los calcetines en los cajones del armario, os percataríais. Me refiero a esos pelillos tímidos que van saliendo entre depilación y depilación. Esos que, en época de buen tiempo, y estamos casi en primavera, se ven mientras vas con tu falda en el metro. Esos que piensas que todo el mundo está viendo y solo ves tú, y me entenderás perfectamente si eres mujer y estás leyendo este texto. Cuatro u ocho pelos que tanto nos molestan pero que no son realmente para tanto, y que corremos raudas a eliminarlos de la faz de la epidermis ante un eventual encuentro sexual. Para estar suavecitas y perfectas. Consejo: ni te molestes en hacerlo, él no lo verá. Llegado el momento de encamarse, te bajará las bragas sin prestar atención a tus piernas.

Portrait of a happy young woman making the bed at home

Cambiar la ropa de la cama: Seamos sinceros, unas sábanas no cuesta cambiarlas pero, ¿y la funda del nórdico? Esa sí que cuesta. Y tú ahí, cambiándolo todo, aunque las pusiste limpias hace cuatro días, porque él llega esta noche a tu casa. Y peor: perfumándolo con esa agua de rosas que trajiste de Marruecos. Consejo: pasa ampliamente del tema, salvo que te fueras a acostar en unas sábanas de esparto, no se dará ni cuenta de este detalle tampoco.

Embadurnar tu cuerpo en ese body milk de ocasiones especiales que tan caro te costó, que huele a mil amores y que te deja la piel como terciopelo. Repetimos: te bajará las bragas y al tema, con un poco de suerte puede que te acaricie levemente los muslos.

Ponerte las bragas de follar: Este apartado requiere de una explicación. Sí, las mujeres tenemos varias clases de bragas. Están las de hacer deporte, están las de diario, luego las de la regla, que son siempre las peores y las más lavadas, pobretas, y por último, las de copular. Esos conjuntos preciosísimos, delicados, transparentes, de marca extranjera preferiblemente, con los que le obsequias la vista cuando quedáis. Consejo: ponte las bragas de diario, porque ya sabes lo que pasará, salvo que lleves unas bragonas del chino, te quitará raudo lo que lleves y al tema.

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